Niño Becerra ve desaparecer el ahorro: España baja al 11,8%
El
ahorro de las familias españolas se está desangrando. Esa es la tesis del economista Santiago Niño Becerra, que sostiene que, si la inflación no baja y el poder adquisitivo no se recupera, el ahorro «acabará por desaparecer» a causa de «una cierta redistribución negativa de ingresos». Lo publicó en su cuenta de X y lo respaldó con unos gráficos de
El Economista. Su conclusión: la escalada de precios de la cesta de la compra ha empujado a los hogares a tirar de lo guardado para mantener el nivel de vida de siempre.
La cifra que sostiene todo el argumento es el
11,8%. Es la media de ahorro de los españoles en la actualidad, ya con la inflación descontada. En la eurozona, entre 2015 y 2019, esa tasa rondaba el
12,6%. El dato que enciende las alarmas es otro: en el segundo semestre de 2020 el ahorro español llegó al
25%, trece puntos por encima de ahora.
¿Dónde está el agujero del análisis?
Comparar el ahorro de hoy con el de 2020 tiene truco. Aquel semestre fue todo menos normal: con la actividad semiparalizada y el consumo restringido, los hogares acumularon dinero que no podían gastar. Tomar ese pico como referencia y proyectar desde ahí una tendencia al desastre es, para varios participantes del debate, un ejercicio tramposo.
El reparo más repetido va más lejos: de los propios datos se puede extraer la lectura contraria. Si ahora se ahorra menos que en 2020 pero en línea con la media de la eurozona de la década pasada, el diagnóstico no es apocalíptico, sino el regreso a la normalidad tras un parón excepcional. Ningún análisis serio, se argumenta, proyecta tendencias comparando un periodo atípico con el presente.
Lo que casi nadie discute es la parte de abajo. Los precios de la cesta de la compra han subido y los sueldos no lo han hecho al mismo ritmo. Traducido: se compra menos con el mismo dinero.
Diez años anunciando el cataclismo
Hay un problema de credibilidad que pesa más que cualquier gráfico. Sus críticos le atribuyen haber anunciado un cataclismo económico que dejaría la crisis de 2008 en ridículo, predicho desde 2010 y todavía sin fecha. Hay quien recuerda también un escenario de independencia de Cataluña que no llegó. Ni una, según esos mismos críticos.
Ese historial alimenta la lectura más cínica: cada advertencia funciona como escaparate de un libro. Que la entrevista aparezca en un medio deportivo y no en la sección de economía de otro se lee como una operación de alcance masivo. El ahorrador que lleva una década oyendo que el mundo se acaba ha aprendido a descontar el ruido.
Las matrículas como termómetro del consumo
Un ejercicio casero sirve para medir el pulso real: seguir el ritmo de las matrículas. La serie 1111BBB se registró el 19 de septiembre de 2000. Entre la 1111FBB y la 1111GBB pasaron 617 días; entre la 1111HBB, de diciembre de 2010, y la 1111JBB, de noviembre de 2014, transcurrieron 1.416, el intervalo más largo de la serie. La 02**MKJ llegó el 15 de septiembre de 2023.
La lectura que se hace de la tabla es que las series se agotaban más rápido en los años de euforia y se han ido estirando desde la K. Lo que tira del mercado, se sostiene, es el renting y el coche de alquiler, no el particular que cambia de vehículo cada cuatro años. El parque móvil envejece porque la compra se aplaza.
Oro, dinero fiduciario y patrimonio
El asunto derivó pronto a un clásico: el oro. Una corriente lo defiende como refugio; la réplica es que el metal no llena el depósito ni paga la compra, y que quien lo acumula sigue dependiendo de que circulen billetes. Y un aviso que lanza uno de los intervinientes: en España existiría una ley de incautación de bienes en caso de necesidad.
Al otro lado, la defensa de que el patrimonio no se toca para comer. El ahorro no es el dinero del mes, es lo que sobra después. De ahí otra queja: que se hable de incautar la vivienda de quien no tiene ninguna mientras la de quien acumula cinco no se toca.
Del chuletón al lonchafinismo
Si algo parecido a un consenso emerge, es el más austero. La recomendación dominante pasa por olvidarse de la chuleta y abrazar el lonchafinismo: embutido barato y conservas como plan de jubilación. Suena a chiste, pero describe una estrategia real de ajuste del gasto doméstico.
También hay quien mira más allá del bolsillo. Si el ahorrador lo pasa mal con la inflación, se argumenta, peor lo pasa un país que debe alrededor del
150% de lo que produce. La deuda pública no se come con lonchas.
Niño Becerra acabará acertando, casi con seguridad. Es lo que ocurre con quien repite la misma profecía durante quince años: antes o después, algo encaja. La pregunta útil no es si el ahorro se estrecha —se está estrechando— sino cuánto del diagnóstico responde a un dato y cuánto al hábito de vender el fin del mundo. El 11,8% está ahí. La fecha sigue sin aparecer.