César Vidal se suma al discurso de la «invasión» migratoria
El diagnóstico no es nuevo; el firmante sí. César Vidal, hoy instalado en Estados Unidos, ha calificado la llegada de migrantes a Europa como
«una invasión» y ha situado a quienes la apoyan, defienden o financian en el terreno de la
traición a sus propias naciones. El mensaje, difundido en su cuenta, augura que en veinte años —«quizá menos»— la Europa actual habrá desaparecido, con retroceso de derechos para las mujeres y para las personas homosexuales. La sorpresa no ha sido el contenido. Ha sido la tardanza.
Qué dice el mensaje y por qué se esperaba antes
El texto es breve y va directo al marco que lleva una década circulando en los márgenes del debate público: la inmigración no como fenómeno económico o demográfico, sino como operación dirigida desde arriba. Quienes la respaldan, sostiene, son
traidores. Y el horizonte temporal que fija —dos décadas— coincide con el que manejan las tesis que hablan de sustitución de población.
Ahí está el reproche central. Una parte de quienes han seguido su trabajo sostiene que el aviso circula
«al menos desde 2015» y que el diagnóstico
«llega treinta años tarde». Otros suben la cifra a sesenta. La discusión, por tanto, no es si el mensaje es acertado, sino por qué se firma ahora y no antes, cuando el coste político era mayor y la audiencia, menor.
El precedente de 1993 y el argumento del paro
La cronología que se repite sitúa
1993 como el punto en el que la llegada de migrantes empezó a ser apreciable en España. La tesis es que ahí, con un desempleo entonces muy elevado, era el momento de cortar en seco y de exigir requisitos estrictos. Todo lo posterior sería la gestión de una decisión que nunca se tomó.
Al argumento demográfico se le añade otro, más pegadizo: el de la factura. La idea de que el contribuyente paga
religiosamente impuestos que acaban financiando políticas que no comparte tiene recorrido, y convierte la política migratoria en política fiscal.
Meloni y la acusación de doble rasero
Si alguien encarna el giro prometido sobre inmigración, esa es Giorgia Meloni. Y ahí la conversación se pone incómoda. Según las informaciones que se citan, Italia mantiene un ritmo elevado de llegadas y de acogida, y la crítica que se repite es que la primera ministra estaría
batiendo récords de hipocresía. También se apunta a un despliegue naval, sin más precisión. La conclusión es incómoda para más de un partido europeo: el discurso duro y la gestión real rara vez coinciden.
Gadafi, 2010: la factura que nunca se pagó
El precedente que más se repite no es europeo, sino libio. En agosto de 2010, Muamar el Gadafi pidió a la Unión Europea
5.000 millones de euros anuales para frenar la inmigración irregular y evitar una Europa descrita en términos alarmistas. La cifra se ha convertido en el símbolo de un pulso que se acepta o se rechaza, pero que rara vez se discute en público. En ese relato se llega a sostener que su muerte fue consecuencia del asunto, tesis para la que no se aporta ninguna prueba.
En diciembre de 2022, Vidal ya había entrevistado a
Ricardo Ferris, el que fuera jefe de la Comisaría Centro de Valencia, en una conversación de
48 minutos que aquí se cita como prueba de que el tema llevaba tiempo sobre la mesa. Su salida del cargo se asocia, en esos mismos círculos, a sus declaraciones públicas.
A quién elige defender y a quién no
La crítica más afilada no viene de sus adversarios ideológicos, sino de quienes comparten buena parte de su diagnóstico. El señalamiento a mujeres y homosexuales como víctimas del proceso se lee como una elección de audiencia: son dos colectivos que, según uno de los participantes, están entre los que más abogan por la apertura de fronteras, y nombrarlos permite incomodar al adversario. Otros creen, al contrario, que es la forma más rápida de cortocircuitar el marco progresista y de dejarle al adversario una contradicción servida.
Que una figura como Vidal fije posición no altera el saldo migratorio ni una sola línea de la política de fronteras. Cambia, si acaso, el tono. Si el resto de voces mediáticas del mismo espacio se pronuncia, el ruido subirá; si no, quedará en una frase más. Lo probable, con estos mimbres, es que el asunto vuelva a desaparecer de los medios generalistas hasta el próximo dato incómodo. Sin que nadie haya explicado aún por qué el aviso se firmó con décadas de retraso.