Los coches de lujo del garaje de Campanar eran del concesionario
En el garaje del edificio incendiado no había ningún Ferrari de un vecino. Los Aston Martin, Bentley, Ferrari y Maserati que aparecieron entre los restos pertenecían a
Cars Gallery, la exposición que el grupo catalán Quadis mantiene en la Avenida Maestro Rodrigo, y que usaba varias plazas del aparcamiento como almacén de su stock de alta gama. Un siniestro con víctimas mortales acabó derivando, en buena parte de la conversación pública, en una disputa sobre el patrimonio de los afectados. El problema es que las cifras no sostienen ese relato: ni los coches eran suyos ni los pisos valen lo que se llegó a decir.
Por qué los deportivos del garaje no eran de los propietarios
La pista llegó pronto. El local del concesionario, situado en la primera planta subterránea, albergaba unidades de
Aston Martin, Bentley, Ferrari y Maserati, según los medios especializados del sector del motor. No era el capricho de un residente con demasiado efectivo: el espacio ejercía de aparcamiento para todo el Grupo Quadis, que distribuye vehículos de alta gama. Las estimaciones que se manejaron situaban más de una docena de coches de lujo dentro del garaje en el momento del incendio, y ahí está el detalle que nadie desmintió después.
Hay una segunda cara bajo el mismo forjado. Según un forero, en los bajos del edificio operaba también un concesionario de la firma china
BYD. Superdeportivos europeos de seis cifras y eléctricos chinos compartiendo sótano: un retrato involuntario de hacia dónde va el mercado del automóvil.
Cuánto costaba de verdad un piso de esta promoción
Aquí sí hay números, y desmontan la etiqueta de lujo. La promoción se entregó hacia
2005 y la constructora acabó quebrando. Los precios de salida eran ambiciosos: se llegaron a pedir 6.000 euros por metro cuadrado, con áticos ofertados a 1.000.000 de euros y el resto de apartamentos alrededor de 800.000. No se vendieron así. Tras refinanciar el banco la deuda del promotor, los pisos volvieron a ofertarse por menos de
300.000 euros y los áticos por algo más. Ese es el rango real del inmueble, no el de las torres de millonarios que dibujó el imaginario colectivo.
El entorno tampoco ayuda a la etiqueta. La zona, hoy cotizada, arrastra una historia incómoda que un participante del debate sacó a relucir: donde se levantaron las torres funcionaba años atrás un mercado de la droga que se desmanteló para urbanizar. La revalorización posterior hizo el resto y explica por qué hoy se piden precios que no tienen nada que ver con lo que costó construir el edificio.
¿Basta un piso de 300.000 euros para ser rico?
No, y ahí está el núcleo de la discusión. Un ático de cuatro habitaciones con terraza puede rondar los 800.000 euros de valor de mercado, pero eso no convierte a su dueño en millonario: en Valencia, Madrid, Barcelona, Málaga o Mallorca ese importe es hoy la puerta de entrada a una clase media con hipoteca. «Que tu primera vivienda pueda valer 800.000 no te hace millonario ni de lejos», resume el argumento más repetido.
La letra pequeña del edificio apunta en la misma dirección. Según varios participantes, buena parte de los residentes viviría de alquiler, no en propiedad, y entre los afectados que dieron la cara hay perfiles de lo más corriente: una pareja joven cuya principal preocupación era el coche que dejó en el garaje. Una propietaria describió los pisos como «viviendas de alto standing», un término comercial que choca con el precio real al que salieron a la venta.
El morbo del coche caro y las donaciones
La conversación se torció por otro lado. Cuando empezaron a llegar mantas, pañales, juguetes y libros para los evacuados, apareció la pregunta incómoda: si están en hoteles, ¿para qué quieren mantas? Detrás hay un debate legítimo sobre la eficacia de la ayuda improvisada y otro bastante menos edificante sobre si estas víctimas merecían el mismo esfuerzo que otras. La comparación con catástrofes anteriores, con realojos en condiciones muy distintas, funcionó como gasolina sobre el fuego.
Y sobrevolando todo, el coche. Gastar un dineral en un deportivo para acabar, como ironizó alguien, en un nicho también caro. Un resumen tan cruel como eficaz de la mezcla de morbo y cálculo patrimonial que dominó buena parte del comentario.
Lo que el incendio deja al descubierto
El suceso ha dejado un mapa involuntario del parqué español: una promoción de 2005 reventada por una quiebra, un concesionario de lujo metido en un garaje residencial y una opinión pública que discutía el patrimonio de las víctimas antes de que se apagara el rescoldo. Conviene recordar que la causa del incendio no está esclarecida y que las acusaciones cruzadas sobre su origen no pasan de ser eso, acusaciones.
Si algo puede extraerse de todo esto es una previsión con reservas: el debate sobre qué es ser rico seguirá inflándose mientras el precio de la vivienda no ceda, y cualquier suceso con un capó de seis cifras de por medio volverá a activarlo. Los datos, al menos, ya están sobre la mesa.