El año de la sequía récord termina con embalses al 82% y nieve
El calendario decía sequía y la ventana decía otra cosa. Con Cataluña bajo restricciones de agua, en el foro se sostiene que la cuenca del Duero entraba en abril con el
82% de agua embalsada, por encima de su media de la última década. Hay quien recuerda nieve en Somosierra en abril y una Semana Santa sevillana pasada por agua. Un forero cuenta que en Murcia, camino del Cabo de Gata —zona que,
en teoría, registra menos precipitación de Europa—, también llovía. La distancia entre lo que anuncia el relato climático y lo que cada cual dice ver es exactamente lo que se discute estos días, y nadie parece ponerse de acuerdo.
¿Cuánta agua hay de verdad en los embalses?
El dato más repetido es también el más incómodo: la cuenca del Duero con el
82% de agua embalsada y subiendo, por encima de la media de los últimos diez años, según el mensaje que lo aporta. Se afirma que febrero y marzo han sido lluviosos como no se recordaba en muchas zonas y un mensaje viral dice que el embalse de El Grado, en Huesca, aparece lleno. En el extremo contrario, otro mensaje cita el embalse del Torcón, donde se habrían abierto compuertas para desaguar el sobrante, aunque lo hace en tono irónico. El reparto por cuencas, según el cálculo que se maneja en el hilo, deja a Extremadura y Andalucía juntas con tres o cuatro veces más agua que las cuencas internas catalanas. La sequía, medida en hectómetros, no es homogénea: es un asunto de dónde llueve y de quién almacena, no de si llueve.
Más verde en las ciudades y menos bosque del que parece
Quien recorre España en coche asegura que ve más verde que hace una década: hierba en las rendijas, en las esquinas y alrededor de los alcorques, riego automático y más fauna. La impresión no equivale a un dato.
La masa forestal es otra cosa, y ahí el terreno se reparte: hay quien sostiene que Navarra lidera con el
54% de su superficie forestal ordenada y Cataluña es la segunda, frente a quienes colocan a Castilla y León como la comunidad con más bosque. Las fotografías aéreas citadas apuntan a que en España y en Europa hay muchos más árboles que en 1900, un dato que cada trinchera usa a su favor.
El clima siempre ha cambiado: el argumento escéptico
La tesis más repetida es la del ciclo. El planeta lleva miles de millones de años regulándose y cambiando, el sol marca el ritmo y la temperatura nunca fue constante, según los mensajes que defienden esta posición. Se cita el Triásico, con mares a
40 ºC y continentes a 60 ºC, como prueba de que el clima extremo existió sin fábricas. Sobre esa base se construye la crítica al marco oficial: si llueve es por el cambio climático, si no llueve también, y el argumento se vuelve irrefutable. Otra línea de mensajes atribuye la falta de lluvia a supuestas fumigaciones aéreas, una teoría sin ningún respaldo de datos. La acusación de fondo no es meteorológica, sino política: hay quien sostiene que el clima se usa como
herramienta de control social.
Groenlandia, el Ártico y el deshielo
El 15 de marzo de 2024 la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, inauguró la oficina de representación de la Unión Europea en Groenlandia y firmó dos acuerdos de cooperación con el gobierno de ese territorio autónomo danés, con el mensaje de que el Ártico debe permanecer
en paz y seguro. En paralelo se menciona el deshielo progresivo del Ártico, que unos leen como señal de alarma y otros como ciclo natural. El contraargumento histórico que se esgrime está en el propio territorio: en las costas de Groenlandia se cultivó durante dos siglos a partir del siglo XI, hasta que llegó un enfriamiento. El debate de fondo es si el cambio actual es el de siempre o lleva firma humana.
Cataluña, las cuencas internas y el Plan Nacional del Agua
El contraste más citado es autonómico: restricciones en Cataluña mientras el embalse oscense de El Grado rebosa, según el mensaje que lo señala. De ahí salta la disputa a la gestión —cuencas internas transferidas, prioridades de gasto y la sensación de que la política hidráulica llega tarde—. En el terreno político se reclama un
Plan Nacional del Agua que acabe con lo que se describe como políticas de confrontación regional, una exigencia situada de cara a las elecciones catalanas del 12 de mayo.
La pregunta queda abierta y no es meteorológica. Si los embalses suben, si febrero y marzo baten registros de lluvia y si en abril nieva en Somosierra, ¿por qué la política del agua sigue diseñándose como si el desierto estuviera a las puertas? Puede que el problema no sea el clima. Puede que sea quién reparte el agua cuando la hay.