El hilo se parte: la tapa y un capitán que ligó en Tinder
Los mensajes del 20 y el 21 de septiembre parten el hilo en dos. Por un lado entra un enlace de El Español sobre un capitán que ligó en Tinder de uniforme con una presunta espía rusa. Por otro vuelve la tapa del váter, y esta vez no para reprochar nada: para explicar por qué no puede quedarse subida. En medio, el pagafantismo se lleva la mayor parte de los mensajes.
Qué se ha sabido
El enlace que da juego es el del reportaje de El Español:
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elespanol.com
Cuenta que el capitán L.P. ligó en Tinder de uniforme con Janina White, con pasaporte británico y un inglés con acento ruso, a la que sus colegas de la OTAN llamaban «Gorrión Rojo». White acudió con el español a
dos fiestas navideñas y allí hizo preguntas a altos mandos militares que el reportaje califica de impropias sobre sus destinos anteriores y sus trabajos en el Mando Marítimo de la OTAN. La pieza está fechada el
19 de septiembre.
Cae también un enlace a una web de contenido para adultos. Un mensaje y se sigue con lo de siempre.
Y un participante rescata unas reflexiones firmadas por @cebollo y recopiladas por cersard en
2013. Las usa para sostener que los estándares que atribuye a las mujeres españolas no han hecho más que empeorar desde entonces. La fecha la da él: 2013 contra
2026.
Sin fuente, como casi todo.Dónde está la bronca
El hilo se abre en tres frentes.
El primero, el pagafantismo. Un participante pregunta por qué se dice que los pagafantas están en extinción, porque él ve los mismos. Le contestan dos en la misma línea: no están en extinción ni mucho menos. Otro añade que basta entrar en el Instagram de cualquier perfil para comprobar que está lleno. Nadie trae un recuento. Lo que hay es la sensación de que el fenómeno sigue igual y una pregunta sin responder.
El segundo frente es la tapa, y aquí sí aparece un argumento nuevo. Un participante pregunta por qué no puede quedarse subida y bajarse cuando haga falta, y por qué la opción correcta es la que necesita ella y no la que necesita él. La respuesta llega con explicación material: la mayoría de las tapas son del mismo color que el váter, así que de primeras no ves si está bajada, vas a sentarte, te sientas en el propio váter y te caes hacia dentro. Es la primera vez en todo el tramo que alguien intenta explicar el motivo del reproche en vez de discutir quién manda.
El tercero son las broncas domésticas en general. Un participante sostiene que pocas tienen término medio y que
lo que buscan es la confrontación, regañar por regañar. Cuenta que estuvo con una que le montaba el cirio por si se pone sal a las patatas antes de freírlas o porque él guardaba el café en la nevera. Otro responde que cualquier excusa vale para marcar territorio y que viven en modo guerra de dominio. Un tercero propone desactivarlo a fuerza de risa: dice que es inevitable que le entre la risa floja cuando empiezan, y que eso las enfada todavía más.
La limpiadora y el reparto de la casa
La única cifra de reparto de todo el tramo la suelta un participante que cuenta que tras un par de líos contrató a una limpiadora y le obliga a su pareja a pagarla. Dice que ahí se acabó el problema. No hay euros, ni horas, ni porcentaje: hay un contrato y un ultimátum.
El que dice que en su casa no pasa
Un participante se desmarca. Dice que su pareja es buena persona, que además es lista y le conoce bien, y que sabe que él no aguantaría tonterías de esas. Cierra con que mejor solo que mal acompañado. Le responden que le dé tiempo,
sin más argumento que el paso del tiempo. Ninguna de las dos partes aporta un dato.
Qué cambia respecto a antes
Entra el reportaje del capitán y la presunta espía, que no tiene nada que ver con la tapa pero ocupa sitio y da pie a comentarios de mofa. El pagafantismo pasa de sospecha a pregunta directa: ya no se discute si se extingue, sino por qué se dice que se extingue cuando un participante ve lo contrario. La respuesta es la de siempre: impresiones.
Aparece también un intercambio sobre religión. Un participante afirma que el Islam solucionará todas estas cosas y le contestan con una ironía larga sobre lo que exigiría ese supuesto. Ni una parte ni la otra traen un solo dato.
Lo que no cambia: el recuento. Sigue sin haber una medición de cuántas parejas funcionan con este guion. Y la tapa, ahora con explicación técnica incluida, sigue donde estaba.