En general, muy de acuerdo, aunque con algún matiz.
Cuando se popularizó el rap, yo, que soy más de death metal técnico canadiense, lo vi como la antimúsica, el pavor, el pavor, el final de la degradación cultural. Pero hubo dos cosas que no preví:
1- Siempre hay margen para empeorar, como hemos visto con el reguetón.
2- Musicalmente el rap es simplista en extremo, pero a nivel lírico es complejo, y mucho. Los raperos, en general, han sustituido teoría musical por composición lírica, y eso también exige un esfuerzo mental. Cualquiera que vea una pelea de gallos debe reconocer que ahí se queman muchas neuronas (por cierto, no son tan diferentes de las competiciones de bertsolaris en Euskadi, o las payadas argentinas, o el zajal libanés).
Así que en el caso del rap, el esfuerzo creativo no se redujo, sino que se desplazó.
Con la IA (y como docente) estoy viendo alguna similitud: los chavales que quieren sacarle partido de verdad entienden que el resultado depende del prompt y la planificación previa: si estos son pobres, ambiguos, mal preparados, el resultado irá en consonancia. Si quieres un resultado digno, te lo vas a tener que currar de lo lindo.
Así que, de nuevo, se está produciendo un desplazamiento del esfuerzo: de la ejecución a la planificación.
El que estaba predispuesto a esforzarse antes, lo seguirá haciendo. El que no, puede encontrar en la IA la excusa ideal para no tener que hacerlo. El resultado acabará siendo una polarización más extrema entre ambos grupos.
Pero yo no me preocuparía demasiado por estas cuestiones, porque el peak oil lo pondrá todo en su sitio: cuando tengamos que quemar las puertas de casa para calentarnos, o comernos el cadáver del abuelo si no encontramos nada en el contenedor, todo esto de la IA lo recordaremos con cariño como una estampa de un pasado feliz.
Así que no veo motivo para el catastrofismo en este tema. Seamos optimistas, pues.