La pérdida de Ceuta, Melilla y Canarias: fe o residencia, nunca cifras
Es raro encontrar una polémica territorial donde nadie menciona el PIB. La hipotética cesión de Ceuta, Melilla y
Canarias ha reavivado un pulso que enfrenta a quienes confían la defensa del territorio a una intervención divina con quienes exigen presencia física sobre el terreno. Entre medias, la propuesta más sonada no tiene desperdicio: vender las dos ciudades autónomas a China para incomodar a Estados Unidos y a Marruecos.
Un sector reclama hechos concretos: quién va a defender las plazas, quién va a fijar su residencia para asentar la españolidad. La respuesta de los providencialistas no admite matices: basta con la fe. La contraparte, escéptica, recuerda que los rosarios no han recuperado ni una sola bandera.
El problema es que el intercambio se mueve en el terreno simbólico. No hay informes sobre el coste del repliegue, ni sobre el impacto comercial en el Estrecho, ni sobre el valor estratégico de la posición en el Estrecho. La paradoja es que un asunto con semejante potencial económico se discuta con argumentos más propios de un altar que de un ministerio.
¿Y si la única herramienta real para conservar las plazas fuera la demografía? Nadie lo ha puesto sobre la mesa.