Un coronel sostiene que Ucrania puede expulsar a Rusia
Hay una tesis que circula con fuerza en los mentideros de la guerra: que el tiempo juega a favor de Ucrania y que, si
Rusia no da un golpe decisivo en el este en un par de meses, puede acabar perdiendo. La defiende un coronel en una conferencia que ha levantado ampollas. Su argumento central es que las fuerzas están «muy equilibradas, más de lo que se piensa el populacho», y que el desgaste ruso —sin misiles guiados, sin aviación operando a baja cota, con equipos cada vez más destartalados y sin piezas electrónicas de recambio— inclina la balanza hacia Kiev. El ponente no descarta que Moscú recurra a una bomba nuclear táctica si se ve acorralado, y por eso aboga por dejarle una salida mínima que pueda vender a su población.
La conferencia, de la que se recomienda ver la hora entera, ha dejado un poso de zozobra incluso entre quienes comparten el diagnóstico. Porque el escenario que describe no es el de una victoria limpia, sino el de un pulso prolongado en el que la superioridad numérica ucraniana —más soldados que los rusos, se subraya— choca con la realidad de que muchos son reservistas sin instrucción. El debate está servido.
El desgaste ruso: sin misiles guiados y sin aviación
El núcleo del análisis es que Rusia ha entrado en una fase de penuria material. Según esta tesis, prácticamente ya no dispone de misiles guiados, lo que explica que apenas utilice la aviación. Sin aviones operando a baja cota y sin munición de precisión, la capacidad de bombardear posiciones enemigas se reduce drásticamente. A eso se suma el bloqueo de componentes electrónicos de recambio, que convierte los equipos en «cachivaches cada vez más destartalados».
Frente a eso, la llegada de material y entrenamiento de occidente se presenta como el factor que puede inclinar la balanza. Ucrania ya estaría metiendo presión en los flancos, según el conferenciante. La ecuación es simple: si Rusia no logra un golpe decisivo en el este en un par de meses, el tiempo empieza a correr en su contra.
No todos compran el relato. Hay quien sostiene que las armas occidentales que llegan a Ucrania son destruidas en los almacenes o en los trenes, y que los bombardeos diarios a los depósitos de armamento —especialmente a los que reciben material de la OTAN— reducen su impacto real. La discusión sobre si el material llega o se quema antes de llegar es, en el fondo, una discusión sobre si el desgaste es simétrico o solo afecta a un bando.
¿Cuántos soldados tiene realmente cada bando?
Uno de los puntos más calientes es el de los efectivos. La afirmación de que el ejército ucraniano tiene más soldados que el ruso es recibida con escepticismo por quienes distinguen entre cantidad y calidad. «Es lo mismo un tipo adiestrado y entrenado que un reservista que en su vida ha pegado un tiro», resume una de las intervenciones. La objeción tiene su lógica: un soldado con dos meses de instrucción está muy verde para ir al frente si no va arropado por veteranos.
El cálculo que se maneja es que, hasta dentro de seis meses, los que cuentan de verdad son los movilizados, entrenados y fogueados en el Donbass el día uno. De esos, se estima que en torno a la mitad tiene motivación nacionalista auténtica, y la otra mitad responde a otros incentivos. Mientras tanto, las bajas se acumulan: se habla de 500 hombres al día entre las mejores tropas rusas, y eso que defienden.
La discusión deriva a menudo en un intercambio de cifras sin fuente verificable. Pero debajo late una pregunta seria: ¿puede un ejército con superioridad numérica pero con tropas verdes sostener una ofensiva larga contra un rival que, aun desgastado, conserva cuerpos especializados y apoyo logístico?
El fantasma nuclear y la salida que se le deja a Putin
El conferenciante no descarta que, al verse acorralado y humillado, el líder ruso utilice una bomba nuclear táctica. Es el punto que más zozobra genera. Por eso aboga por dejarle una salida mínima que pueda vender a su pueblo, una puerta entreabierta para que no tenga que elegir entre la derrota total y la escalada.
Es una lógica que algunos comparten y otros rechazan de plano. Los primeros argumentan que la humillación de una potencia nuclear es el peor escenario posible; los segundos, que cualquier concesión premia la agresión y sienta un precedente. El debate no es militar, es estratégico: ¿se negocia desde la fuerza o desde el miedo?
Mientras tanto, la realidad del frente sigue siendo la de una guerra de desgaste sin avances decisivos. La retirada rusa de Kiev, según una de las versiones que circulan, fue una decisión propia ante la falta de efectivos para tomar la ciudad, ejecutada sin que los ucranianos pudieran hostigarles. Otra versión habla de fracaso. La diferencia importa: no es lo mismo retirarse por cálculo que por derrota.
La OTAN, la neutralidad y el coste para Europa
El hilo deriva hacia preguntas más amplias. ¿Está preparado el ejército español para defender Ceuta y Melilla? ¿Sabe realmente cuál es el enemigo de la OTAN? Hay quien acusa a los altos mandos de vivir en una burbuja y de no haber previsto el conflicto, pese a que algunos periodistas sostenían desde enero que la guerra iba a estallar.
Otra corriente sostiene que a Estados Unidos le conviene que la guerra dure, mientras que a Europa le pasa factura. La reconstrucción de Ucrania, se argumenta, acabará recayendo sobre una UE ya endeudada, y el coste político de mantener el esfuerzo durante años puede pasar factura a los gobiernos. La discusión sobre quién paga y quién gana es, en el fondo, la de siempre: los que envían armas y los que reciben los misiles.
La pregunta de fondo sigue sin respuesta: si el tiempo juega a favor de Ucrania, ¿por qué nadie se atreve a ponerle fecha a la victoria?