Es una idea completamente descabellada. Si la propusiera cualquier otro, probablemente se reirían en su cara. Pero como viene de quien viene, de repente hay gente intentando convencerse de que tiene sentido.
¿Mandar procesadores al espacio para aprovechar la energía solar? La energía solar ya la puedes aprovechar perfectamente en tierra, a una fracción del coste y con la enorme ventaja de que puedes acceder a los equipos. Si algo se rompe, vas, lo reparas y punto. En el espacio, cualquier avería se convierte en un problema carísimo.
Además, allí tienes radiación, micrometeoritos, cambios brutales de temperatura y un entorno bastante más hostil para la electrónica que una nave industrial en mitad de ninguna parte. Si quieres proteger los equipos, necesitas más blindaje, más redundancia y más peso. Y cuanto más pesa todo, más caro es ponerlo en órbita.
Luego está la refrigeración, que tampoco es precisamente sencilla. En el espacio no tienes aire para llevarte el calor, así que tienes que expulsarlo mediante radiadores. Y si estás generando una barbaridad de calor con miles de procesadores, necesitas unos radiadores enormes. Radiadores que, además, tienes que colocar y orientar para que no estén tragándose al mismo tiempo toda la radiación del Sol. Más superficie, más estructura, más peso, más complejidad y más dinero.
Y después vienen el lanzamiento, el mantenimiento, las comunicaciones, la sustitución del hardware cuando se quede obsoleto y qué haces con todo aquello al final de su vida útil.
Es decir: estás cogiendo algo que en tierra es relativamente sencillo, poner placas solares al lado de un centro de datos, y convirtiéndolo en una pesadilla de ingeniería espacial para conseguir básicamente lo mismo.
Lo realmente sorprendente no es que alguien tenga la idea. Ideas extravagantes puede tener cualquiera. Lo sorprendente es que haya gente dispuesta a darle credibilidad económica sin explicar primero qué ventaja concreta compensa semejante montaña de costes y complicaciones. Porque si la respuesta es simplemente «en el espacio hay mucho Sol», eso está bastante lejos de justificar el tinglado.