Trump desclasifica los archivos de JFK, RFK y MLK
Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva para desclasificar todos los documentos relacionados con los asesinatos de John F. Kennedy, Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr. «Todo será revelado», dijo a los periodistas en el Despacho Oval. La medida llega envuelta en un gesto teatral, pero la pregunta que sobrevuela es si se trata de un golpe de efecto o de un paso real hacia la verdad. La desconfianza es enorme: hay quien recuerda que estos papeles llevan décadas bajo llave y que los servicios de inteligencia tienen la costumbre de entregar legajos con más tachones que letras.
¿Qué documentos se van a desclasificar y por qué ahora?
La orden abarca los expedientes de tres magnicidios que marcaron la segunda mitad del siglo XX. Trump ha vinculado la decisión a su regreso a la Casa Blanca y a la presión de su entorno, que lleva años pidiendo luz sobre lo ocurrido en Dallas en 1963, en Los Ángeles en 1968 y en Memphis ese mismo año. El anuncio se produce en un clima de expectación, pero también de escepticismo. No en vano, la Ley de Registros de Asesinatos de 1992 ya fijó plazos para la publicación de estos documentos, y en 2017 se liberaron miles de páginas con partes censuradas. La novedad ahora es que la orden no establece excepciones ni plazos: ordena la desclasificación total. Otra cosa es lo que llegue a los archivos.
El precedente de 2017 y la sombra de la censura
En 2017, la administración Trump ya liberó una gran cantidad de documentos sobre el asesinato de JFK, pero mantuvo ocultos cientos de páginas por razones de seguridad nacional. Aquella vez, la CIA y el FBI presionaron para que no se publicara todo. Ahora, el presidente asegura que no habrá filtros. La diferencia es que entonces Trump necesitaba el respaldo de las agencias; hoy, según sus partidarios, actúa con más libertad. Sus críticos, en cambio, sospechan que se trata de una cortina de humo para desviar la atención de otros asuntos. La orden llega después de que Trump haya firmado otras medidas controvertidas, como la reducción de la plantilla de la Agencia Tributaria o la construcción de un escudo antimisiles.
¿Qué intereses económicos hay detrás de la desclasificación?
Más allá del morbo histórico, el asunto tiene ramificaciones económicas. John F. Kennedy firmó en 1963 la Orden Ejecutiva 11110, que devolvía al Tesoro la facultad de emitir certificados de plata respaldados por reservas metálicas, limitando el poder de la
Reserva Federal. Aquel movimiento, según una interpretación muy extendida, le costó la vida. No hay pruebas concluyentes, pero el dato se cita una y otra vez para subrayar que los magnicidios no son solo crímenes pasionales: tocan dinero. La Reserva Federal es una institución privada con enorme influencia, y cualquier intento de arrebatarle el control de la emisión monetaria genera enemigos poderosos. La desclasificación de estos archivos podría arrojar luz sobre esas tensiones, o simplemente confirmar que los papeles importantes nunca estuvieron en los archivos.
La Reserva Federal y el mito de la orden 11110
La Orden Ejecutiva 11110 es citada con frecuencia como la causa real del magnicidio. Sin embargo, los historiadores económicos discrepan: la medida tenía un alcance limitado y no suponía un desafío frontal al banco central. Aun así, el relato ha calado. En el imaginario colectivo, Kennedy es el presidente que quiso devolver el dinero al pueblo y fue eliminado por ello. La desclasificación de los documentos podría desmontar o reforzar esa teoría. Hasta ahora, lo que se ha publicado no contiene ninguna prueba de que la Reserva Federal estuviera implicada. Pero la ausencia de pruebas no ha hecho mella en la leyenda.
¿Qué papel juegan las agencias de inteligencia en la desclasificación?
El control de los archivos no es solo una cuestión de transparencia. Las agencias de inteligencia tienen sus propios intereses y han bloqueado sistemáticamente la publicación de documentos comprometedores. En 2017, la CIA logró mantener en secreto cientos de páginas alegando que revelarían métodos de espionaje. Ahora, Trump ha ordenado que se entreguen a Robert F. Kennedy Jr., su nuevo director de Inteligencia Nacional, para que evalúe si se ha desclasificado todo. La jugada es doble: por un lado, contenta a la base que lleva décadas exigiendo la verdad; por otro, coloca a un hombre de confianza al frente de la agencia que coordina a todas las demás. Si RFK Jr. certifica que no falta nada, la pelota quedará en el tejado de quienes siguen dudando.
El precedente de la Comisión Warren y las teorías de la conspiración
La Comisión Warren concluyó en 1964 que Lee Harvey Oswald actuó solo. Desde entonces, la desconfianza no ha hecho más que crecer. Oswald intentó pedir asilo en la embajada soviética antes del asesinato, un detalle que alimenta las sospechas de una trama internacional. La Unión Soviética, por su parte, calificó el magnicidio de acto de la ultraderecha estadounidense. La desclasificación podría arrojar luz sobre esas conexiones, pero también sobre el papel de la mafia, el complejo industrial-militar y los exiliados cubanos. Cada uno tiene su propia teoría, y ninguna ha sido confirmada por los documentos liberados hasta ahora.
¿Qué se puede esperar de la desclasificación?
Las expectativas son altas, pero la experiencia invita a la cautela. En 2017, la publicación de miles de páginas no resolvió ninguno de los grandes enigmas. Los documentos contenían información ya conocida, datos irrelevantes y tachones que ocultaban nombres. La nueva orden promete más, pero no garantiza nada. Trump ha dicho que «todo será revelado», pero la historia enseña que los archivos presidenciales rara vez son completos. Además, la desclasificación no es inmediata: requiere un proceso de revisión que puede durar meses o años. Y en ese proceso, las agencias tienen margen para eliminar lo que consideren peligroso.
El impacto en la opinión pública y en los mercados
La noticia ha tenido un efecto inmediato en la conversación pública. Los medios se han volcado, y las redes sociales se han llenado de especulaciones. En el plano económico, no se espera un impacto directo, pero sí podría afectar a la percepción de estabilidad institucional. Si la desclasificación revelara una trama de encubrimiento, la confianza en las instituciones se resentiría. Si, por el contrario, no se encuentra nada nuevo, se reforzará la idea de que todo fue una operación de marketing político. En cualquier caso, el debate está servido.
La orden de Trump es un movimiento audaz, pero también una apuesta arriesgada. Si los documentos revelan algo sustancial, pasará a la historia como el presidente que desveló los secretos más oscuros de Estados Unidos. Si no, quedará como un gesto vacío. La predicción más prudente es que se publicarán muchos papeles, se dirán muchas palabras y, al final, las preguntas seguirán sin respuesta. Porque en el fondo, el problema no es la falta de documentos, sino la falta de voluntad para leerlos sin anteojeras.