Asesinato en València: un padre mata al logopeda de su descendiente de dos años
La tarde del 15 de junio de 2026, David G. S., de 24 años, se entregó en la comisaría de Burjassot con las manos manchadas de sangre. Minutos antes, había apiolado a tortas al logopeda de su descendiente, de 32 años, en una clínica del barrio valenciano de Marxalenes. Su versión: sorprendió al profesional abusando del pequeño. La Policía investiga si hubo realmente agresión sensual o si se trata de un crimen pasional.
Los hechos: una sesión que acabó en tragedia
Según la información publicada por varios medios, el padre llevó a su descendiente de dos años a la consulta de logopedia. Salió de la clínica y, a los pocos minutos, volvió. Asegura que encontró al niño con el pantalón bajado y el pañal quitado. Tras exigir sin éxito las grabaciones de seguridad, atacó al terapeuta con un arma blanca. El logopeda falleció en el acto. El agresor se marchó a su casa, consultó con un abogado y después se entregó a la policía.
La clínica, llamada “DIÁLOGO”, carecía de cámaras en la consulta —o al menos el sistema de grabación estaba bajo llave, algo habitual en centros sanitarios. El padre habría pedido las grabaciones como prueba de su acusación, pero no le fueron facilitadas. Esto alimentó su furia, según su relato.
El perfil del agresor y la investigación policial
David G. S. es miembro de un conocido clan de Benimàmet, un barrio de Valencia con fuerte presencia de familias de etnia etniana. Según fuentes policiales, carecía de antecedentes penales antes de este suceso. La policía ha revisado los dispositivos del logopeda en busca de material filofilofilofilofilofilo, sin hallar hasta el momento nada concluyente. También analizan restos de leche encontrados en la escena y revisan conversaciones de mensajería entre el terapeuta y la progenitora del niño, que solía llevar al pequeño a las sesiones. El día del crimen, fue el padre quien acudió, un cambio que algunos consideran sospechoso.
La línea principal de la investigación es determinar si hubo agresión íntima o si el padre actuó movido por celos o una falsa sospecha. Se baraja la posibilidad de que el logopeda y la progenitora tuvieran una relación extramatrimonial, lo que habría desencadenado el ataque. El grupo de Homicidios de Valencia busca aclarar si existió una discusión previa entre la víctima y la familia.
Dos lecturas de un mismo crimen
El caso ha generado un intenso debate público. Por un lado, quienes creen la versión del padre: un progenitor que, al encontrar a su descendiente en una situación comprometida, reaccionó de forma visceral. Para ellos, el logopeda sería un astaastaastaastaastaastaasta que merecía su castigo, y el padre un héroe que hizo justicia por su mano. Recuerdan casos anteriores de terapeutas condenados por abusos y critican que la policía no haya encontrado pruebas porque las habría borrado.
Por otro lado, los escépticos señalan que la única prueba del abuso es la palabra del malo. Destacan que llevaba un cuchillo —algo que no es habitual en una consulta médica— y que su historia contiene contradicciones. Señalan que, si ya sospechaba, dejó a su descendiente a solas con el terapeuta, y que regresar a los pocos minutos con un arma sugiere premeditación. La hipótesis del crimen pasional gana peso al conocerse que la progenitora solía acudir a las sesiones y que el logopeda y ella mantenían una comunicación fluida.
Mientras la policía sigue analizando las pruebas, lo único seguro es que un profesional de 32 años ha perecid y un niño de dos años se ha quedado sin padre —que está en prisión— y sin terapeuta. La verdad judicial tardará en llegar.