Biden prometió acabar con el Nord Stream 2 y el gasoducto acabó con fugas
En febrero de 2022, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, respondió a una periodista que preguntaba cómo iba a detener el Nord Stream 2 si el proyecto estaba bajo control del Gobierno alemán. Su respuesta fue una promesa: «Se lo prometo. Lo conseguiremos». Meses después, el gasoducto que conecta Rusia con Alemania a través del Báltico presenta fugas masivas en aguas danesas y suecas, y las autoridades de varios países hablan de sabotaje. La coincidencia entre la promesa y el resultado es el eje de un debate que mezcla geopolítica, energía e intereses económicos.
Qué es el Nord Stream 2 y por qué Biden prometió acabar con él
El Nord Stream 2 es un gasoducto que une Rusia y Alemania por el fondo del mar Báltico. Su objetivo era duplicar la capacidad de transporte de gas ruso hacia Europa, esquivando rutas terrestres como Ucrania y Polonia. Estados Unidos se opuso desde el principio porque, según su argumento, aumentaba la dependencia europea del gas ruso y reforzaba la influencia del Kremlin sobre Berlín. En febrero de 2022, Biden fue preguntado directamente por cómo pensaba detener el proyecto si estaba bajo control del Gobierno alemán. Su respuesta, recogida en el material del debate, fue: «Se lo prometo. Lo conseguiremos».
La promesa no era retórica. Washington llevaba años presionando con sanciones contra las empresas implicadas en la construcción y contra los buques que participaban en ella. El gasoducto, sin embargo, seguía adelante. Alemania lo defendía como una infraestructura energética clave para su industria. La paradoja era evidente: un presidente estadounidense prometía frenar un proyecto privado alemán en suelo europeo.
Las fugas en el Báltico y las explosiones registradas
El material del debate recoge que el Nord Stream 1 y el Nord Stream 2 presentan fugas de gas en aguas de Dinamarca y Suecia. Las imágenes publicadas por el ejército danés muestran burbujas de gran diámetro en la superficie. El centro sísmico sueco registró explosiones submarinas en la zona de las fugas. La ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, Ann Linde, declaró que su gobierno entraba en reunión de crisis por lo que se describe como un supuesto sabotaje.
La magnitud del escape llevó a hablar de un «agujero realmente grande» en la estructura de la tubería. Varios países —Alemania, Suecia y Rusia— denunciaron que se trataba de un acto intencionado. La pregunta que sobrevuela el análisis es sencilla: si Rusia controla las llaves del gas, ¿qué necesidad tenía de volar su propia infraestructura? Cerrar el grifo habría bastado para dejar de suministrar. Esa lógica alimenta la sospecha sobre otros actores.
El contexto que no salió en los medios: protestas en Alemania y el Baltic Pipe
Una parte del análisis sostiene que el sabotaje debe ponerse en relación con lo que los medios no mostraban: protestas en Alemania y un cambio de opinión en parte de la población, que reclamaba abrir el Nord Stream 2 ante la crisis energética. La idea que circula es que Estados Unidos temía perder clientes europeos para su gas natural licuado (GNL) si Alemania volvía a comprar gas ruso. Esa hipótesis no está confirmada, pero encaja con el timing.
El mismo día de las fugas, el presidente de Polonia y los primeros ministros de Polonia y Dinamarca inauguraban el gasoducto Baltic Pipe, que traerá 10.000 millones de metros cúbicos de gas noruego a Polonia cada año. La coincidencia temporal es, como mínimo, llamativa. Polonia ha sido uno de los países más críticos con el Nord Stream y uno de los principales beneficiarios de las rutas alternativas.
Quién gana y quién pierde con el gasoducto fuera de servicio
El cálculo económico es el que más peso tiene en el análisis. Si el Nord Stream 2 queda inutilizado, Alemania pierde acceso directo al gas ruso barato y se ve obligada a comprar GNL, principalmente a Estados Unidos, a precios superiores. La industria alemana, que había construido su competitividad sobre energía asequible, afronta un encarecimiento estructural. Los puertos de recepción de GNL y las navieras estadounidenses ganan mercado.
Rusia pierde un cliente grande y una ruta de exportación clave, pero mantiene otras vías hacia Asia y Turquía. Ucrania y Polonia refuerzan su posición estratégica como países de tránsito alternativos. El Baltic Pipe es la prueba: Noruega sustituye parcialmente a Rusia en el suministro a Polonia. En el fondo, el tablero energético europeo se rediseña a toda velocidad.
Las dudas sobre la autoría y el silencio de las investigaciones
Ninguna investigación ha señalado oficialmente a un responsable. Las autoridades hablan de sabotaje, pero no han identificado a los autores. En el análisis que circula se apunta a Estados Unidos como principal beneficiario, sin pruebas concluyentes. También se menciona a Reino Unido, a Ucrania o a actores no estatales. La falta de transparencia alimenta todo tipo de teorías.
Lo cierto es que el gasoducto estaba lleno de gas cuando se produjeron las fugas. Si se corta el flujo y entra agua de mar, la tubería se corroe por dentro y queda inservible para siempre. Ese detalle técnico, señalado en el debate, sugiere que el objetivo no era una interrupción temporal, sino la destrucción permanente de la infraestructura. Un cierre de válvulas no habría tenido ese efecto.
Qué pasa ahora con el gas ruso y la dependencia europea
A corto plazo, Europa acelera la compra de GNL y llena sus almacenes antes del invierno. A medio plazo, la pregunta es si Alemania puede permitirse renunciar definitivamente al gas ruso sin desmantelar parte de su industria. El debate está abierto. Algunos análisis sostienen que la ruptura es irreversible; otros creen que, cuando la presión social aumente, se buscarán fórmulas para reabrir el suministro.
Mientras tanto, el Baltic Pipe ya funciona y Polonia celebra su independencia energética de Moscú. Dinamarca y Suecia investigan las explosiones. Rusia exige participar en las pesquisas. Y la promesa de Biden, grabada en vídeo, sigue circulando como recordatorio de que, a veces, las promesas se cumplen. ¿O fue solo una coincidencia?
Datos clave del debate:
- El Nord Stream 2 duplicaba la capacidad de transporte de gas ruso hacia Alemania por el Báltico.
- El Baltic Pipe transportará 10.000 millones de metros cúbicos de gas noruego a Polonia cada año.
- Las explosiones se registraron a 700 km de distancia, en Hamar (Noruega), según las estaciones sísmicas.
- Las burbujas de gas en la superficie alcanzaban los 100 metros de diámetro, según las imágenes difundidas.