Comprar piso para alquilar: una inversión que ya no cuadra
La pregunta parece simple: ¿alguien ha comprado un piso para alquilarlo? En los foros de inversión, la respuesta se ha vuelto un unánime «ni orate». La ecuación se ha roto por los tres lados: precios de compraventa por las nubes, rentas que no despegan y una regulación cada vez más hostil con el propietario.
Quienes lo probaron cuentan miserias. Uno compró en julio de 2020, justo antes del decreto 11/2020, y ahora se arrepiente: «me estoy comiendo una obra de mejora energética de reaccionarioda». Otro, que compró a precio de ganga en 2009, reconoce que con el conocimiento actual se habría ido a bitcoin. Y la mayoría prefiere la deuda pública, que da un 3% sin inquilinos, sin impagos y sin sustos.
Los números no acompañan
El argumento es demoledor: a los precios actuales, comprar para alquilar es ruinoso. Además, el miedo a la okupación y a los inquilinos segarro, incluso funcionarios, disuade a muchos. La falta de seguridad jurídica en España empuja a algunos a buscar en otros países, como Holanda o Alemania, donde han residido.
El único caso de éxito que se cita es de 2009, cuando el mercado estaba en mínimos. Hoy, con la misma cantidad, se obtiene un rendimiento similar sin los dolores de cabeza. Y lo dice quien ya lo ha vivido.
La conclusión es clara: el alquiler tradicional ha dejado de ser una inversión atractiva. Quien tenga un piso, quizá debería replantearse el venderlo en lugar de alquilarlo. Las alternativas, aunque menos glamurosas, parecen más sólidas.