Elche desmonta sus carriles bici: el primer giro de la movilidad urbana
El Ayuntamiento de Elche, gobernado por PP y Vox tras las elecciones del 28 de mayo, ha decidido prescindir de las zonas de bajas emisiones y eliminar los principales carriles bici de la ciudad: los de Avenida Juan Carlos I, calle Mariano Soler Olmos y José María Buck. La ciudad venía de ser premiada por la Red de Ciudades por el Clima, dependiente de la Federación Española de Municipios y Provincias, por su movilidad sostenible y su lucha contra el
cambio climático. El giro marca el primer retroceso confirmado en la transición ecológica tras el avance de la derecha en los comicios autonómicos y municipales, según el medio que recoge la noticia.
Qué se elimina en Elche y qué costaba mantenerlo
El plan saliente proyectaba más de
10 kilómetros de carriles bici o plataformas únicas, la modernización del autobús urbano hacia modelos híbridos o eléctricos y el traslado del aparcamiento a los exteriores de los barrios. El objetivo declarado era reducir el vehículo privado, que representa el
80% de las emisiones contaminantes del municipio. Los socios de gobierno sostienen que promoverán un uso eficiente del transporte, pero «sin imposiciones ni tutelas», y prescindirán de la imposición de zonas de bajas emisiones.
La concejala de Movilidad en funciones, Esther Díez, calificó la medida de «barbaridad» y advirtió de que revertir los carriles bici costará al nuevo equipo de gobierno
el mismo dinero que ya se invirtió en construirlos. El argumento económico es el que más incomoda: se paga dos veces por la misma obra, una al construir y otra al demoler.
Por qué se quitan los carriles bici: atascos y un solo carril
Entre los argumentos que circulan en el debate, se sostiene que uno de los tramos afectados dejaba una de las arterias principales que llevan al hospital general con
un único carril, lo que complica el paso de ambulancias y servicios de emergencia. También se afirma que en vías principales con dos carriles por sentido, la conversión a un solo carril para turismos ha generado atascos que colapsan rotondas cercanas y provocan congestión donde antes no la había. El resultado, según estos críticos, es más contaminación: coches parados quemando combustible junto a un carril bici que apenas se usa.
Hay quien matiza que no se trata de eliminar todos los carriles bici, sino tramos concretos que perjudican más que ayudan. La distinción importa, porque el titular de la noticia sugiere un desmantelamiento general que los hechos no confirman del todo.
El efecto contagio: de Elche a Valencia y Gijón
El anuncio no es un caso aislado. El candidato de Vox al Ayuntamiento de Valencia, Juan Manuel Bádenas, grabó un sketch electoral cargando al hombro un taladro hidráulico de grandes dimensiones y reclamando el desmantelamiento de los carriles bici. A nivel autonómico, PP y Vox difundieron un programa de gobierno con
cincuenta medidas en las que no hay una sola mención a la crisis climática, las energías renovables ni la movilidad sostenible.
En Gijón, la alcaldesa Carmen Moriyón (Foro), investida con el apoyo de PP y Vox, anunció que la ciudad recuperará las corridas de toros tras tres años de ausencia y que ya ha dado los primeros pasos para eliminar las limitaciones de circulación y estacionamiento de los coches sin distintivo medioambiental. El patrón se repite: menos restricciones al coche, menos infraestructura ciclista.
Qué dicen los expertos sobre las competencias locales
El ambientólogo y consultor en sostenibilidad Andreu Escrivà advierte de que el poder autonómico y local ha pasado a manos de quienes no priorizan los costes ambientales y que, en el peor de los casos, gobiernan partidos que niegan la ciencia del clima. Xan López, experto en ecología política, señala que el mayor riesgo municipal es la falta de adaptación a eventos meteorológicos extremos: sequías, olas de calor, lluvias torrenciales. Alberto Coronel, investigador de Ecología Política en la Universidad Complutense, resume que las instituciones locales pueden ser palanca de una transición basada en el odio o punto de apoyo para una transición ecológica racional.
El argumento de fondo es que comunidades y ayuntamientos tienen competencias clave para que las transiciones energética y ecológica ocurran, y para que sean justas. Si esos gobiernos frenan, el daño se multiplica porque la escala local es donde se ejecutan las políticas.
El debate sobre el carril bici que nadie usa
La discusión de fondo no es ideológica, sino de diseño urbano. Hay quien sostiene que un carril bici sobre la acera compartida con viandantes genera accidentes a peatones, ancianos y personas con movilidad reducida, y que el carril debería ir sobre la calzada, señalizado, nunca sobre una acera compartida. Otros apuntan que los carriles no sirven si se permite a los peatones invadirlos y a los ciclistas circular por la carretera: mientras se mantengan esas dos reglas, solo enriquecen al contratista de turno.
También hay quien defiende que el ciclista deportivo que va a 30 o 35 kilómetros por hora no necesita un carril segregado, sino la calzada. Y quien recuerda que en ciudades donde se ha quitado un carril de tráfico para meter la bici, el resultado ha sido más congestión y más emisiones, con el carril vacío. La pregunta operativa es cuántos usuarios justifican la obra.
El precedente de Elche deja una cifra incómoda: se pagará dos veces por los mismos metros de asfalto. Y una pregunta sin respuesta: si el carril bici se retira por los atascos que genera, ¿qué se hace con los coches que los provocan?