Siria: 10 días para desmontar 13 años de guerra civil
¿Cómo es posible que una ofensiva relámpago haya puesto fin a más de una década de conflicto en apenas diez días? La pregunta recorre cualquier análisis sobre lo ocurrido en Siria, donde un grupo armado poco conocido, HTS, ha entrado en Damasco sin encontrar apenas resistencia. El régimen de Bashar al-Asad, sostenido durante años por Irán y Rusia, se ha desmoronado con una velocidad que desconcierta incluso a los observadores más curtidos. Los datos disponibles apuntan a una combinación de factores: un ejército regular agotado, una economía de guerra insostenible y un tablero internacional que ha dejado de mirar hacia Damasco.
El misterio de una ofensiva sin oposición
La primera sorpresa es la ausencia de combate. El ejército sirio, que durante años mantuvo la cadena de mando y consiguió frenar a los grupos rebeldes con apoyo ruso, no ha presentado batalla. Los informes que circulan describen unidades desmoralizadas, salarios impagados y una estructura corrupta hasta el tuétano. En diez días, una fuerza que ni siquiera aparece cuantificada en los medios ha recorrido el país desde la frontera turca hasta la capital.
Hay quien sostiene que el régimen había perdido ya su base material: la economía siria, devastada por más de una década de guerra, no podía sostener un ejército de cientos de miles de hombres. El apoyo iraní y ruso, clave en la supervivencia de Al-Asad, se ha ido diluyendo. Rusia, concentrada en Ucrania, ha reducido su huella militar a la base naval de Tartus. Irán, según varios análisis, estaría recibiendo presión directa de Israel y habría optado por no jugarse sus últimas cartas en Siria.
¿Por qué Rusia e Irán han dejado caer a Al-Asad?
La respuesta corta es que no les salía a cuenta. Rusia mantenía en Siria catorce centros de reclutamiento y una presencia militar que le servía para proyectar poder en el Mediterráneo. Pero la guerra de Ucrania ha consumido recursos y hombres. Los soldados sirios más experimentados habrían sido trasladados al frente ucraniano, dejando el país en manos de reclutas sin motivación.
Irán, por su parte, enfrenta una presión creciente. Los ataques israelíes contra sus intereses en la región han mermado su capacidad de sostener a sus aliados. Hezbolá, uno de los pilares del eje iraní, habría quedado reducido tras los últimos enfrentamientos. Sin ese paraguas, Damasco quedaba expuesto.
El resultado es un vacío que HTS ha llenado sin apenas disparar un tiro. La pregunta que flota es si este grupo, liderado por un personaje misterioso, tiene capacidad para gobernar un país fragmentado en decenas de milicias.
El nuevo reparto de poder en Oriente Próximo
La caída de Al-Asad no es un hecho aislado. Se enmarca en un realineamiento más amplio que afecta a Ucrania, Gaza, Armenia o Georgia. Algunos análisis apuntan a una reunión celebrada en Doha en la que participaron ministros de Exteriores de Egipto, Qatar, Jordania, Irak y Arabia Saudí, junto a representantes del Grupo de Astana —Turquía, Irán y Rusia—. En ese encuentro, según estas versiones, se habría acordado el nuevo equilibrio sirio sin presencia occidental.
La rapidez de la operación sugiere que los principales actores regionales conocían el desenlace. Turquía, que lleva años apoyando a facciones rebeldes, habría facilitado el avance. Israel, interesado en debilitar a Irán, habría visto con buenos ojos la caída de un aliado de Teherán. Estados Unidos, en plena transición presidencial, no habría movido ficha.
¿Qué pasará ahora en Siria?
El escenario más probable, según coinciden varios análisis, es una nueva guerra civil. HTS no controla el territorio que ha ocupado; lo ha atravesado. Las milicias kurdas, las brigadas del Baaz, los restos del ejército regular y decenas de grupos armados mantienen sus propias agendas. La fragmentación del país podría agravarse.
La incógnita es quién gobernará Damasco. El hermano del líder de HTS, Maher Hussein al Sharaa, estudió medicina en Rusia y podría ser el hombre de Moscú para presidir un nuevo régimen. Es una hipótesis que circula, sin confirmación oficial. Lo que sí parece claro es que el vacío de poder será aprovechado por actores externos.
La ironía es que después de trece años de guerra, con cientos de miles de muertos y millones de desplazados, el régimen ha caído en diez días. Y nadie sabe qué viene después.