El gambito de Putin en Siria: ¿estrategia o derrota?
La caída de Damasco y la salida de Bashar al-Assad del país han reabierto el eterno debate sobre la capacidad estratégica de Vladimir Putin. Para unos, la retirada rusa de Siria es un
gambito calculado, una renuncia a material táctico para concentrar fuerzas en Ucrania. Para otros, es una derrota en toda regla que deja a Rusia sin su principal aliado en Oriente Medio y con solo dos bases militares fuera de sus fronteras. La discusión, lejos de ser unánime, refleja la profunda división sobre el papel de Moscú en el tablero global.
¿Qué ha pasado en Siria y por qué importa?
La noticia, según los mensajes, es que el presidente sirio salió del país como parte de unos acuerdos de paz. El impacto en el llamado
eje de la resistencia es objetivo: Rusia pierde un aliado y su influencia en la región se tambalea. Un participante afirma que Rusia conserva su base de Tartus, aunque no hay indicaciones de que eso vaya a cambiar con el nuevo régimen. El régimen de Assad estaba moribundo hace años y había que reordenar la zona, sostienen algunos análisis. La operación, lejos de ser una invasión militar, se ha descrito como un golpe de Estado en el que Rusia e Irán se echaron a un lado sin molestar.
La tesis del gambito: renunciar a Siria para ganar en Ucrania
La interpretación más repetida en el arranque del debate es que Putin plantea la batalla en conceptos estratégicos y no tácticos. Los generales de la OTAN buscarían victorias rápidas porque no entienden que esta es una lucha larga. Putin, maestro del ajedrez, entendería conceptos como el
gambito: renunciar a material para mejorar la estrategia y dar la victoria final. Ahora Rusia podría usar las tropas y medios que guardaba en Siria para llegar a la victoria sobre la OTAN en Ucrania. El régimen criminal de camiseto, se afirma, tiembla de miedo porque sabe lo que se acerca. Como en el ajedrez, ahora viene el jaque mate de Ucrania.
La contra tesis: Rusia ha perdido un aliado y no hay gambito que lo tape
Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que Rusia ha perdido un aliado y ahora toca vender la derrota. Desde lo de Libia, los rusos no habían metido tanto la pata en geoestrategia, se argumenta. La caída de Assad supone una gran derrota de Rusia en favor de un posible aliado, Turquía, que está dentro de la OTAN, perdiendo una de las dos bases que Rusia tenía fuera de sus fronteras tras la caída de la URSS. No es un win-win, ni siquiera un pierdo ahora para ver si gano después. La famosa finta putiniana se compara con la columna que iba a tomar Kiev en 72 horas y quedó para la chatarra. El paseo por el centro de Kiev con los Armata también fue una jugada maestra, ironizan.
El papel de Turquía, Irán y las facciones sirias
El reordenamiento de la zona pasa por Turquía, que será el gendarme de Siria porque así lo han pactado todos, según una de las lecturas. Rusia e Irán habrían favorecido a su medio aliado otomano para fortalecer lazos. Irán, por su parte, pretendía que Assad se involucrara más con Hezbolá y este lo rechazó; le pusieron exigencias para darle apoyo, pero el tema los tomó por sorpresa por su rapidez. Assad estuvo en Rusia y negoció, pero los rusos no pudieron ofrecerle grandes apoyos por el tema en Ucrania. Regresó y preparó la transición para que fuera lo menos cruenta posible. En el terreno, los rebeldes de Damasco están en guerra con los kurdos que ocupan la mitad del país, apoyados por Estados Unidos. Lo que se viene es una guerra civil con cuatro o cinco facciones. Hay quien predice que en menos de cinco años Assad y sus hijos tendrán que regresar para poner orden en la nueva Libia en que se convertirá Siria.
El futuro de las bases rusas y el papel de Israel
Un participante afirma que Rusia conserva su base de Tartus, y no hay indicaciones de que eso vaya a cambiar con el nuevo régimen democrático de Al Qaeda en Siria, según un análisis. Otros sostienen que el pueblo sirio no va a consentir que el país que los ha estado masacrando durante años siga con sus bases. Israel, por su parte, está bombardeando todos los depósitos de municiones sirios desde ayer, no sea que alguien se postule. Lo que le convenga a Israel es lo que va a ocurrir, y lo que le conviene es que Siria se convierta en unos Balcanes en guerra perpetua, como la guerra de Líbano que duró décadas. Los kurdos son 1,5 millones y no van a desaparecer en dos semanas.
El coste humano y la traición a los soldados sirios
Más allá de la geopolítica, el debate deja un reguero de testimonios amargos. Un soldado sirio abandonado en el frente dice que Irán y Rusia nos traicionaron, Bashar al-Assad también nos traicionó, somos como Gaza, abandonados como perros. Los generales sirios comprados, sus unidades enteras desertando con material a Irak en cuanto se dan cuenta. Rusos e iraníes poniéndose de perfil. Cuatro soldados, decenas de miles, abandonados a su suerte y a la voluntad del que mande en las zonas en que se encuentren. La conclusión que extrae un participante es que nunca te creas que vas a la guerra a salvar a tu país: lo máximo que puedes sacar es volver a casa ileso, y para eso mejor no jugar. A ti no te van a dar concesiones de gas, petróleo, agua, minería, telefonía. Eres el tonto útil.
¿Qué pasará con los cristianos y las minorías sirias?
Otra de las preocupaciones que recorren el debate es el futuro de los sirios seculares y de los que no procesen la línea takfirista. La Siria más occidentalizada y diversa se va a tomar por saco, se lamenta. Se teme que los reverdes moredados, la internacional salafista del mal, empiecen a blandir los cuchillos para cortar cuellos y violar criaturas. Carta libre para el genocidio de un pueblo y directo a las páginas de la vergüenza de la historia, como el libio. A río revuelto, ganancias de pescadores. La extinción del cristianismo oriental no es culpa exclusiva de sionistas y yihadistas, se matiza: al Occidente colectivo moderno le importa ya una higa el cristianismo.
El factor chino y el silencio de Pekín
En medio del terremoto, una pregunta recorre los mensajes: ¿dónde está China? Está muy calladita, no me fío ni un pelo, y menos con esta situación, se advierte. La ausencia de Pekín en el reordenamiento sirio deja un interrogante abierto sobre el verdadero equilibrio de fuerzas en la región. Mientras tanto, la discusión sigue sin cerrarse: ¿fue el gambito de Putin una jugada maestra o la crónica de una derrota anunciada?