Siria: la prisión de Sednayah y los presos bajo el hormigón
La caída del régimen de Bashar al-Assad ha abierto las puertas de la prisión de Sednayah, el centro de torturas más temido del país. Los primeros equipos que han entrado en el sector secreto aseguran que los presos del primer piso subterráneo están vivos y que quedan al menos dos niveles más de celdas bajo tierra. Entre los liberados hay mujeres que llevaban años encerradas y niños que habrían nacido en cautiverio. La escena que más circula es la de una niña de 12 o 13 años saliendo a la luz.
El primer piso subterráneo ya está abierto. Los otros dos, no. Según los relatos que se difunden desde el interior, los familiares de los presos políticos intentan llegar a los niveles inferiores, bloqueados por hormigón, y aseguran escuchar voces de gente viva debajo. Hay quien habla de sótanos sellados con personas enterradas vivas. Es la misma prisión que durante años fue sinónimo de desapariciones y de torturas sistemáticas.
¿Qué se ha encontrado en la prisión de Sednayah?
Las imágenes que salen del recinto muestran a hombres y mujeres famélicos, traumatizados y temerosos. Algunos no entienden qué está pasando. En uno de los vídeos más compartidos se oye a alguien explicar a un liberado que el régimen ha caído y que ya es libre. La respuesta del preso, desconcertado, es la de alguien que ha perdido la noción del tiempo.
El material que circula incluye también el hallazgo del cadáver de un general de división del entorno de Maher al-Assad, señalado en esos mensajes como responsable directo de crímenes de guerra y vinculado a los ataques con armas químicas de la 4ª División. La escena se ha convertido en el símbolo del derrumbe de la estructura de poder que sostenía la prisión.
El negocio del gas que explica el interés por Siria
Más allá del horror, hay una lectura económica que estos días se abre paso con fuerza. Turquía aparece como el gran beneficiado de la caída de Assad si finalmente se desbloquea el gasoducto que atraviesa Siria para llevar gas saudí y catarí a Europa. El proyecto llevaba años parado y, según esta tesis, el régimen de Damasco habría sido el instrumento para impedir que se completara.
El argumento es que Assad, sostenido por Moscú, garantizaba que el gas árabe nunca llegara a precios competitivos al mercado europeo. Con Damasco en otras manos, Hungría, Austria y Serbia tendrían difícil decir no a un suministro más barato. La geopolítica del gas se cruza así con la liberación de los presos, y no todo el mundo mira las imágenes con los mismos ojos.
La sospecha de que todo es un montaje
Una parte de los mensajes que circulan sostiene que la avalancha de información sobre Sednayah es sospechosa por su timing. Se argumenta que después de años sin apenas datos, de repente aparecen vídeos, testimonios y descubrimientos en cadena, y que eso encaja mejor con una operación de propaganda que con un goteo informativo natural. La tesis es que el país se está repartiendo económicamente mientras la opinión pública se distrae con niños y presos políticos.
Enfrente, la respuesta es contundente: los mismos que niegan las torturas son los que llevan años justificando al régimen que las practicaba. Se recuerda que, según un cálculo que circula en el debate, Assad masacró a 500.000 sirios y exilió a otros 5,5 millones, y que invitó a fuerzas extranjeras a intervenir en el país. La discusión deriva a menudo en un intercambio de acusaciones que no aporta datos nuevos.
El precedente de las lámparas de piel humana
La comparación más repetida para desconfiar de las imágenes es histórica: los escenarios de liberación de la Segunda Guerra Mundial, con fotografías de lámparas hechas con piel humana y jabones de grasa de prisioneros que después se demostraron falsos. El argumento es que la propaganda de guerra ha fabricado atrocidades antes y que la masa sigue creyéndolas décadas después.
La objeción a esa comparación es que aquí hay presos vivos saliendo de las celdas, no objetos. Y que la existencia de Sednayah como centro de torturas no es un descubrimiento de esta semana. Lo que se discute no es si la prisión existía, sino cuánto de lo que se cuenta ahora responde a un guion y cuánto a lo que hay bajo el hormigón.
El punto exacto donde el análisis se atasca
Los tres pisos subterráneos son la clave. El primero está abierto. Los otros dos siguen sellados, con familiares excavando y asegurando que hay gente viva debajo. Hasta que esas losas no se levanten, todo lo que se sabe de Sednayah es la mitad de la historia. Y la otra mitad, la que está bajo el hormigón, es la que nadie puede confirmar todavía.