Siria cae en manos yihadistas y TVE pregunta por las elecciones
La caída de Damasco deja una escena que resume el nivel del relato: una periodista de la televisión pública pregunta al ministro de Exteriores si pronto habrá elecciones en Siria. Como si el hombre con turbante que acaba de tomar el mando hubiera llegado para constituir un gobierno provisional de tecnócratas y convocar a los ciudadanos a las urnas. Si no fuera porque hablamos de una tragedia, el momento tendría el tono de un sketch de fin de año.
Lo que se dirime en Siria, según un cálculo que circula en el debate, no es una transición democrática. Es el reparto de dos gaseoductos que van desde Oriente Medio hasta Europa y que atraviesan el país. Quien controle el territorio controla la llave energética. Con ese mapa sobre la mesa, la celebración de ciertos medios occidentales por el avance de una organización terrorista —la misma que ayer tenía orden internacional de arresto y recompensa de diez millones de dólares— se entiende mucho mejor.
De terrorista buscado a aliado presentable en televisión
La secuencia es conocida. En 2017, la embajada de Estados Unidos en Siria difundía la orden de arresto internacional contra Mohammad Al-Jolani, líder de Al Qaeda en la zona, con una recompensa de diez millones de dólares. Hoy ese mismo nombre aparece blanqueado en cadenas estadounidenses como el yihadista presentable, el que resulta tolerable para el público occidental. El patrón no es nuevo: se financió y entrenó a Bin Laden para combatir a la Unión Soviética en Afganistán y después hubo que ir a matarlo.
Hay quien sostiene que el apoyo occidental a los grupos yihadistas en Siria viene de lejos y que la operación de imagen actual es solo la fase final del guion. En contra pesa el argumento de que Rusia defendía el régimen de Assad y ahora lo ha dejado caer, lo que deja a Moscú con sus bases navales en una posición comprometida. Las bases rusas, según las últimas informaciones que circulan, seguirían operativas. El detalle importa: Tartus y Hmeimim son la proyección mediterránea de Moscú y su pérdida sería un golpe estratégico de primer orden.
Qué pasa con los refugiados sirios en Europa
Reino Unido, Francia, Alemania y Austria han anunciado la suspensión de las solicitudes de asilo de ciudadanos sirios tras la caída de Damasco. El Gobierno español, en cambio, ha descartado suspender los trámites en España. La consecuencia práctica, según se sostiene en el debate, es que España se convierte en la puerta de entrada preferente para los solicitantes que ya no pueden tramitar su petición en los países vecinos.
La comparación con Libia aparece de inmediato en cualquier conversación sobre el tema. Antes de la intervención, Libia funcionaba como estado tapón con los niveles de desarrollo más altos de África y filtraba el paso de migrantes subsaharianos hacia el Mediterráneo. Después quedó convertida en una de las principales puertas de entrada a Europa. El precedente sirio apunta al mismo desenlace.
El precedente de Libia y el efecto llamada
El paralelismo no es retórico. En ambos casos se intervino sobre un régimen dictatorial con el argumento humanitario y el resultado fue un Estado fallido, un vacío de poder y una crisis migratoria de largo recorrido. La diferencia es que Siria añade un componente energético y una frontera directa con Israel, Turquía, Líbano, Jordania e Irak.
La pregunta que sobrevuela todo el asunto es qué ocurre con las minorías religiosas y étnicas que sostenían el antiguo régimen. Los cristianos sirios, los alauitas, los kurdos y los drusos quedan expuestos a un gobierno cuyo programa no contempla precisamente la pluralidad. Hay quien ironiza con que un ejecutivo yihadista traerá derechos para las mujeres y el colectivo LGTB. La ironía se sostiene sola.
El papel de los medios y el relato oficial
La cobertura de la televisión pública ha sido uno de los focos del malestar. La pregunta sobre las elecciones al ministro de Exteriores no es un lapsus aislado: revela un marco mental en el que cualquier cambio de régimen se interpreta como avance democrático, sin atender a quién toma el poder ni con qué medios. La veracidad y la televisión pública, en este asunto, parecen enemigos irreconciliables.
El patrón se repite en otros conflictos. Los medios reproducen el marco que les llega desde arriba, sin verificación independiente sobre el terreno. Cuando el interés geopolítico cambia, el relato cambia con él: el mismo actor puede ser terrorista internacional un año y líder moderado al siguiente, sin que nadie explique el tránsito.
El punto exacto donde el análisis se atasca
Queda por ver qué ocurre con las bases rusas, con los gaseoductos y con los refugiados que ya no pueden pedir asilo en media Europa. Queda por ver si el nuevo gobierno sirio resulta predecible o si, como ocurrió con Bin Laden, la criatura se vuelve contra su creador. Y queda por ver cuánto tarda el relato oficial en admitir que lo que se presentó como primavera democrática era otra cosa. De momento, la única certeza es que en la televisión pública siguen preguntando por las elecciones.