El GP de Madrid agota entradas en dos minutos y deja 235.000 en espera
Dos minutos. Ese fue el tiempo que tardaron en agotarse las entradas generales puestas a la venta para el Gran Premio de Madrid de Fórmula 1, un evento que se celebrará dentro de un año y que ya acumula una lista de espera de 235.000 personas. La entrada más barata cuesta 195 euros y no da derecho a asiento; la media ronda los 500 euros y las más caras se acercan a los 800. Con esos precios, el negocio está servido: se habla ya de que en la reventa cada entrada multiplicará por cinco su valor de salida.
La propia presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, confirmó desde el Pleno de la Asamblea que la preventa había superado todas las expectativas y que la lista de espera crecía especialmente con interesados procedentes de América e Hispanoamérica. El dato, leído en clave económica, dibuja un mercado donde la demanda supera con holgura a una oferta que se agota antes de que el aficionado medio pueda reaccionar.
¿Cuántas entradas acabarán en manos de aficionados reales?
La sospecha recorre toda la conversación: entre pocas y ninguna. El mecanismo es conocido. Los grandes eventos deportivos y musicales se han convertido en terreno abonado para quienes compran con la única intención de revender. Hay quien apunta que la propia distribuidora no es ajena al fenómeno: parte del stock se reservaría para colocarlo después a precios muy superiores.
El resultado es un mercado paralelo donde el precio de salida es solo el peaje de entrada. Si la entrada media cuesta 500 euros y la reventa la multiplica por cinco, la factura se dispara hasta los 2.500 euros. Para el aficionado que quería ver los coches pasar, la puerta se cierra antes de abrirse.
Hay quien sostiene que la solución pasaría por prohibir la reventa sin más. Otros recuerdan que la reventa existe porque alguien paga. Y mientras tanto, el espectáculo se convierte en un ejercicio de postureo: ir a que te vean, grabar con el móvil y colgarlo. La carrera, en sí, importa menos.
El coste público: de los 137 millones a los 200
El Ayuntamiento de Madrid aprobó el Plan Especial para que IFEMA acoja el Gran Premio a partir de 2026. Solo las obras de construcción del circuito costarán al recinto ferial, participado por el Ayuntamiento y la Comunidad, más de 137 millones de euros. A esa cifra hay que sumar el canon que Liberty Media, propietaria de la Fórmula 1, exige a la sede. El total se estima en 200 millones de euros.
La promesa de Ayuso en 2024 —que traer la F1 a Madrid tendría un coste cero para el erario público— se topa con la realidad de las cuentas. La pregunta que sobrevuela es quién paga ese canon: un público, como en Cataluña o Valencia, un privado, o una mezcla. La respuesta no está en los presupuestos que se han hecho públicos.
Un circuito urbano en un polígono empresarial
El trazado discurrirá por calles cuadriculadas de un polígono empresarial, con un tramo por un descampado donde se han añadido algunas curvas y una curva peraltada. Esa curva peraltada, previsiblemente, será la zona más cara del circuito. La crítica es unánime entre quienes conocen los urbanos: aburrimiento, calor o frío, y la sensación de estar viendo pasar coches sin poder moverte del asiento.
La experiencia de quienes han asistido a un Gran Premio en directo no invita al optimismo. Salvo la salida, el resto es un espectáculo monótono. Las birras ayudan a hacerlo llevadero. Y el precio, en Madrid, no incluye asiento en la categoría más barata.
La reventa como negocio y la sombra de los scalpers
El negocio de la reventa no es nuevo. Hay quien se dedica profesionalmente a comprar entradas para grandes eventos y colocarlas después al triple o más. Hay quien sostiene que la distribución oficial, en ocasiones, participa del mismo juego. Mientras la gente pague, el sistema se perpetúa.
La lista de espera de 235.000 personas es la mejor prueba de que el precio no disuade. O de que el precio no lo paga quien asiste. Entre los compradores hay quien busca la reventa como inversión y quien simplemente quiere estar en el sitio correcto cuando el mundo mira.
Lo que queda por ver
El Gran Premio de Madrid se celebrará dentro de un año. Las entradas generales ya no están. La reventa marcará el precio real. Y el circuito, construido sobre un polígono, tendrá que demostrar que el espectáculo justifica los 200 millones y la lista de espera. Si el patrón se repite, la mayoría de los que querían ir verán la carrera por televisión.