Un coronel suizo sitúa el inicio de la guerra el 16 de febrero
La tesis es incómoda y por eso conviene leerla despacio: según el análisis del coronel suizo Jacques Baud, la guerra de Ucrania no empezó el 24 de febrero de 2022, sino el 16 de febrero, cuando el ejército ucraniano intensificó el bombardeo sobre la población civil del Donbás y colocó a Vladimir Putin ante una disyuntiva: intervenir militarmente o contemplar cómo se aplastaba a la población rusófona de la región. Baud, exmiembro de la inteligencia estratégica suiza y antiguo experto de la ONU y de la OTAN, firma el que se presenta como el análisis más detenido de la contienda, y su lectura ha circulado con fuerza en los círculos que desconfían del relato oficial.
El dato que más ha llamado la atención es la comparación territorial. Según Baud, en seis días las fuerzas rusas tomaron un territorio tan extenso como el Reino Unido, con una velocidad de avance superior a la que logró la Wehrmacht en 1940. La cifra no es inocente: sirve para rebatir la narrativa del estancamiento ruso que domina en los medios occidentales.
La desmilitarización y la desnazificación, según el análisis de Baud
Baud desglosa los objetivos rusos en dos bloques. La desmilitarización incluiría la destrucción sobre el terreno de la fuerza aérea ucraniana, los sistemas de defensa aérea y los medios de reconocimiento; la neutralización de las estructuras de mando e inteligencia y de las principales rutas logísticas; y el cerco del grueso del ejército ucraniano concentrado en el sureste. La desnazificación, en su lectura, apuntaría a la destrucción o neutralización de los batallones de voluntarios que operan en ciudades como Odesa, Járkov y Mariúpol.
Sobre el terreno, Baud describe una ofensiva «muy clásica»: destrucción de las fuerzas aéreas en las primeras horas —como hicieron los israelíes en 1967— y progresión simultánea en varios ejes según el principio del «agua que fluye», avanzando donde la resistencia era débil y dejando las ciudades para más tarde. En el norte, la central de Chernóbil fue ocupada de inmediato para evitar sabotajes.
¿Por qué Rusia no busca derrocar a Zelenski?
La idea de que Moscú pretende tomar Kiev para eliminar a Zelenski proviene, según Baud, de la propia experiencia occidental en Afganistán, Irak, Libia y Siria. Putin nunca habría pretendido derribar al presidente ucraniano; al contrario, trataría de mantenerlo en el poder presionándolo para negociar mediante el cerco a la capital. El objetivo sería obtener la neutralidad de Ucrania, algo que Zelenski habría bloqueado hasta entonces al negarse a aplicar los Acuerdos de Minsk.
La aparente contradicción de negociar mientras se combate tiene, en la tradición estratégica rusa, una explicación clausewitziana: la guerra es la continuación de la política y se puede pasar de una a otra con fluidez, incluso durante el combate. Occidente, en cambio, tiende a entender la guerra como lo que empieza cuando termina la política.
El «caldero» del Donbás y la ralentización
El grueso del ejército ucraniano se desplegó en el sur para preparar una gran operación contra el Donbás, lo que permitió a las fuerzas rusas rodearlo desde principios de marzo en el espacio entre Slavyansk, Kramatorsk y Severodonetsk, con un empuje desde el este a través de Járkov y otro desde el sur de Crimea. Las tropas de las repúblicas de Donetsk y Lugansk complementarían el cerco desde el este.
La «ralentización» que los analistas occidentales atribuyen a problemas logísticos sería, en esta lectura, la consecuencia de haber alcanzado los objetivos: Rusia no parecería querer ocupar todo el territorio ucraniano, sino limitar su avance a la frontera lingüística del país.
Las cifras que Baud pone sobre la mesa
El análisis aporta datos concretos sobre la situación previa. En octubre de 2018, tras cuatro años de guerra, el fiscal militar jefe de Ucrania, Anatoly Matios, cifró en 2.700 los hombres perdidos en el Donbás. Ante la falta de soldados, el gobierno ucraniano recurrió a milicias paramilitares formadas principalmente por mercenarios extranjeros, a menudo militantes de extrema derecha. En 2020, según Reuters, constituían alrededor del 40% de las fuerzas ucranianas, unos 102.000 hombres, con más de 19 nacionalidades y financiación y entrenamiento de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Francia.
El cuestionamiento de la fuente
La credibilidad de Baud no ha pasado desapercibida. El periodista Antoine Hasday, en un trabajo publicado por Conspiracy Watch, sostiene que su entrevista en RT France «cumple todos los requisitos de las teorías conspirativas geopolíticas». Se le reprocha haber minimizado el balance humano de la guerra de Darfur —reducido a 2.500 muertos frente a los 300.000 que estima la ONU— y haber negado la responsabilidad del ejército sirio en las matanzas. Baud ha intervenido también en televisiones de la órbita de la extrema derecha.
La discusión derivó hacia el doble rasero en el tratamiento de las fuentes internacionales: hay quien sostiene que los informes de la ONU sobre el Donbás blanquean las acciones ucranianas y diluyen los muertos por artillería bajo el epígrafe de «víctimas del conflicto armado», mientras que los informes sobre Siria se aceptan sin discusión.
La comparación con Irak y el tamaño real de lo ocupado
La comparación territorial también se ha discutido. Irak tiene menos del doble de superficie que el Reino Unido, y las fuerzas estadounidenses tardaron quince días en tomar el país, aunque nunca llegaron a controlarlo del todo. El cálculo más escéptico recuerda que Ucrania, sin Crimea, tiene 576.000 kilómetros cuadrados frente a los 242.000 del Reino Unido, y que tres semanas después del inicio de la invasión las fuerzas rusas seguían sin controlar ciudades a treinta kilómetros de la frontera.
El argumento de fondo es otro: la superficie ocupada no equivale al control efectivo, y el abastecimiento de las zonas tomadas depende de corredores logísticos largos y vulnerables. Con estos mimbres, la predicción más razonable no es un desenlace rápido, sino una guerra larga en la que cada bando ajustará sus objetivos a lo que pueda sostener sobre el terreno.