Abjasia: el golpe de Estado que nadie vio salvo Twitter
Un raid del partido anti-ruso habría tomado la sede del gobierno en Tsujumi, la capital de Abjasia. Eso es lo que se afirmó en un hilo abierto hace más de cuatro años y medio en un foro económico español. La noticia, sin embargo, no aparecía en ningún medio internacional. Ni en los rusos. Ni en los georgianos. Ni en los que, por línea editorial, habrían celebrado el descalabro del Kremlin con champán. A la fecha de aquella discusión, la única constancia del supuesto asalto era un mensaje en una red social y una captura de pantalla sin cadena de custodia.
Abjasia es un territorio de unos 8.600 kilómetros cuadrados en el Cáucaso sur, independizado de facto de Georgia tras la guerra de 1992-1993 con apoyo militar ruso. Solo un puñado de países la reconocen: Rusia, Nicaragua, Venezuela, Nauru y Siria. La comparación que circuló en el hilo fue rápida: «del tamaño de La Rioja». Otro mensaje lo resumió con sorna: «es tan pequeñito que un contingente reducido de rusos podría poner orden». La discusión derivó pronto hacia el patrón histórico, no hacia el raid.
¿Por qué Georgia perdió Abjasia y Osetia del Sur?
Cuando Georgia tomó rumbo pro-occidental, se le independizaron dos regiones: Abjasia y Osetia del Sur. El análisis más repetido en el hilo apuntaba a que estos territorios son minúsculos y solo están reconocidos por la órbita de Moscú. «Financiar independencias», se escribió, es una actitud que se critica a unos y se aplaude a otros según quién la ejecute. La discusión no era sobre el raid: era sobre el doble rasero.
La precisión administrativa también apareció. Abjasia y Ayaria (Batumi) eran repúblicas autónomas dentro de Georgia, igual que Chechenia o Chuvasia lo eran dentro de Rusia, y Crimea dentro de Ucrania. Osetia del Sur era un óblast autónomo. «Nunca tuvieron soberanía», se subrayó. La distinción importa: no es lo mismo una república con constitución propia que un óblast administrado desde la capital.
El patrón de las «repúblicas populares»
El argumento más desarrollado del hilo fue el de las repúblicas autoproclamadas que devienen en estructuras mafiosas. «El este de Ucrania teóricamente prorruso ha tenido tiempo de comprobar esta realidad en el Dombás, de ahí la encarnizada resistencia de Járkov o Sumy a ser liberados», sostuvo un participante. La tesis: cuando Moscú pisa un territorio, lo despayiza y monta su propia administración. Otro lo formuló con más crudeza: «Rusia al país que lo integra lo llama facha o genocida y le roba el trozo de país».
Enfrente, la lectura geopolítica global. «Golpe de estado organizado por la CIA, como casi todos», escribió alguien. Y añadió: «cuando los Biden y los Schwab desmoronen Rusia en veinte mil repúblicas, y China quede aislada, ya veréis lo bien que nos lo vamos a pasar». La sospecha de injerencia occidental no se apoyaba en ninguna prueba concreta, pero funcionaba como marco para desacreditar la noticia entera.
El problema de la fuente: ni Anna News lo publicó
La verificación fue el hilo dentro del hilo. «Estoy buscando noticias sobre ello en ruso y no sale nada», escribió un participante que buscó en Google «Абхазия новости» y «Сухуми новости». Encontró lo contrario: noticias que decían que se estaban enviando soldados abjasios a Ucrania. Otro comprobó la web oficial del país y no encontró mención alguna. «Es una de las regiones no reconocidas», se repetía, pero ni eso explicaba el silencio informativo.
La ironía sobre el ecosistema mediático fue constante. «¿Un mapa de esos en donde el ejército ruso nunca para de avanzar y cercar al enemigo?», se preguntó. «No hay la más mínima noticia al respecto en medios otaneros que tendrían que estar celebrando algo así», se añadió. La conclusión implícita: si el raid fuera real, la maquinaria propagandística occidental ya lo estaría amplificando. El silencio era el dato.
Abjasia, Gagauzia y el catálogo de conflictos congelados
La conversación derivó hacia el catálogo completo de territorios en disputa postsoviética. Gagauzia, Transnistria, Osetia del Norte, Osetia del Sur. «¿Pero no sabes que Putin tiene varios Donbas por ahí repartidos?», se preguntó con retintín. La referencia a Borat y a las «chortinas» de Gagauzia sirvió para ilustrar el tono general: una mezcla de sorna y fatalismo sobre un mapa que lleva tres décadas redibujándose a golpe de conflicto congelado.
La comparación con Ucrania fue inevitable. «Lo raro es que Ucrania no haya invadido Transnistria a pesar de que salen misiles de ahí», escribió alguien. La respuesta implícita: porque no puede. La capacidad ofensiva de los actores implicados es limitada, y eso condiciona tanto las aventuras militares como los bulos sobre ellas. «Con 5000 soldados...», se ironizó sobre la supuesta operación.
El raid de Tsujumi nunca se confirmó. No hubo comunicado, ni agencia, ni corresponsal. Solo un mensaje inicial y 97 respuestas que, cuatro años y medio después, siguen sin poder verificar si el golpe existió o fue un ejercicio de imaginación. La última palabra del hilo, sin embargo, no fue sobre Abjasia: fue sobre la próxima vez. «Hay que ir urgentemente a liberarlos, desplegar noticias las 24 h, desplegar a la OTAN en sus fronteras», se escribió con sorna. «Si caen ellos, cae la UE». Nadie se rió del todo.