El vídeo de Alvise no tumba el relato: la máquina mediática aguanta
El vídeo no ha cambiado nada. Basta ver los informativos de la mañana con las imágenes del autobús de la selección —las jugadoras bromeando, pidiendo un segundo beso, tomándose el episodio a cachondeo— para comprobar que el guion estaba escrito antes de que rodara la cámara. Ni un titular incómodo. Ni una pregunta que rompa el marco. El
caso Rubiales sigue contándose con el mismo molde del primer día y quien esperaba un vuelco se queda mirando la pantalla.
Esa es la lectura que se repite: la maquinaria mediática no se ha tambaleado ni un pelo. Conviene, aun así, entender por qué.
¿Por qué un vídeo no tumba un relato mediático?
Porque el relato no se sostiene sobre pruebas: se sostiene sobre marcos. Cuando aparece material imposible de negar, la respuesta no es rectificar, es la
reducción de daños. El vídeo se emite, se minimiza y se sigue adelante. Hay un dato que circula desde el principio y que en cualquier otro asunto habría cerrado el expediente: la propia jugadora dijo en una entrevista inicial que no había sido nada, que la gente era muy mal pensada. Aquello no desactivó nada; se integró en el guion sin ruido.
El segundo movimiento es el clásico. Cuando el mensaje molesta, se ataca al mensajero. En los platós se repite que quien difunde el material acumula causas pendientes y pleitos perdidos —de los ganados, nada—, lo que en lógica televisiva equivale a admitir que el contenido no se puede rebatir. Centrar el argumento en quien habla y no en lo que dice, resume otra lectura, es la señal de que la discusión se ha perdido.
De la agresión sexual al comportamiento impropio
El tercer movimiento es el desplazamiento del objeto. Ya no se discute el beso. Se discute si habría condena por agresión sexual y, a renglón seguido, se salta a la acumulación de gestos: los manoteos en el palco, la actitud chulesca, la falta de disculpas. Una tertuliana llega a decir en directo que no sabe si es agresión —lo que en la práctica equivale a saber que no—, pero que la jugadora debería adherirse a la denuncia por coherencia con otras mujeres. El marco cambia de sitio sin que nadie reconozca que ha cambiado.
A lo largo del intercambio se añaden versiones sobre una supuesta baja psicológica y sobre los planes profesionales de la futbolista, siempre atribuidas y nunca confirmadas. Todo sirve para mantener viva una historia cuyo hecho original se ha quedado, según esta lectura, sin sustancia.
La cortina de humo económica: gasolina, aceite y empleo
Y aquí entra la economía, con datos de la cesta de la compra. La
gasolina supera los 1,8 euros por litro. El
aceite de oliva virgen extra pasa de los 11 euros por litro. Se acaban los trabajos de verano y la
inflación vuelve a subir con fuerza. Con las elecciones en el horizonte, se sostiene que el circo mediático cumple una función muy concreta: entretener al personal mientras el poder adquisitivo se desangra. La figura del
tonto útil, el personaje que sale a escena para tapar lo que de verdad pasa, aparece una y otra vez.
No es una hipótesis aislada. Se avisa de que la bajada de la inflación general no cuadra con lo que se paga en caja y de que lo que aprieta de verdad es el paro. La conclusión compartida es incómoda: si el foco está en el plató, no está en la nómina.
Wilson, la Comisión Creel y la fabricación de consenso
El precedente que se rescata tiene más de un siglo.
Woodrow Wilson fue reelegido presidente de Estados Unidos en 1916 con el lema «Nos mantuvo fuera de la guerra». Poco después, su Comisión Creel convirtió en seis meses a una población pacífica en partidaria de entrar en el conflicto. La propaganda no persuade con argumentos: satura.
De ahí la comparación con la pandemia, citada como un curso acelerado de disciplina informativa. Y de ahí la lectura que se repite sobre el asunto actual: da igual lo que salga, porque el objetivo no es convencer de nada concreto, sino dejar claro que quien discrepa se queda fuera. La verdad pasa a ser un detalle secundario y la pantalla, el único juez. El mismo efecto se atribuye a la cobertura de otras guerras: la repetición de imágenes y partes oficiales termina por anestesiar la capacidad de reacción.
El caso Rubiales se queda donde estaba
Al cerrar el repaso queda la sensación de haber visto una película conocida. Los medios reencuadran, los platós desvían y la economía sigue su curso con la inflación subiendo y el aceite a precio de oro. Ante un tribunal, con pruebas y contradicciones sobre la mesa, el resultado podría ser otro; hay quien lo apunta sin demasiada fe. Pero mientras el juicio sea el del plató, todo apunta a que el vídeo se olvidará en unos días y el relato aguantará, una temporada más, sin que nadie tenga que dar explicaciones.