España marca récord de población con 48,3 millones, pero solo 2.094 nuevos nacidos aquí
A 1 de julio de 2023 España supera los 48,3 millones de habitantes, el máximo de su serie histórica, según los datos provisionales del INE. El hito tiene truco: de los 135.186 residentes ganados en el segundo trimestre, 133.092 habían nacido fuera de España. Solo 2.094 nacieron aquí. La estadística oficial habla de crecimiento; la aritmética de la composición habla de otra cosa.
El dato que desmonta el relato del invierno demográfico
El INE lo deja claro en su nota: el aumento «se debió casi en su totalidad al incremento de personas nacidas en el extranjero». Por nacionalidad, los extranjeros sumaron 100.394 personas y los españoles 34.792. La foto fija es la de un país que crece en población total mientras su base nativa se encoge. Hay quien sostiene que el término correcto no es invierno demográfico sino reemplazo demográfico, y que la diferencia no es semántica. Otros defienden que sin la aportación migratoria estaríamos ante un escenario de decrecimiento puro y duro, con la España vaciada como anticipo de lo que vendría.
La discusión sobre el vocabulario no es baladí. El concepto de invierno demográfico se acuñó para describir una caída sostenida de la natalidad que lleva al
envejecimiento de la población original. Si el crecimiento se sostiene solo por la llegada de personas nacidas fuera, el término se queda corto. Y ahí es donde el debate se encona.
Baleares, Cataluña y Madrid: dónde se concentra el aumento
Todas las comunidades autónomas, incluidas Ceuta y Melilla, ganaron población en el segundo trimestre. Los mayores incrementos relativos fueron para Baleares (0,58%), Cataluña (0,51%) y Madrid (0,45%). En el otro extremo, Extremadura (0,01%), Asturias (0,03%), Ceuta (0,06%), Castilla y León (0,08%) y Galicia (0,09%) apenas se movieron. El patrón es conocido: los territorios con más dinamismo económico y más presión sobre la vivienda son los que absorben el grueso de la llegada.
Esa concentración tiene consecuencias. En los barrios donde el flujo se nota, la convivencia cambia de textura. Hay quien describe paseos por su ciudad contando residentes y encontrando más extranjeros que españoles de origen, con la población autóctona mayor concentrada en residencias. Es una impresión subjetiva, no un dato del INE, pero circula con fuerza en las conversaciones sobre el terreno.
El cálculo que se hace en los mentideros: cuántos españoles menos
La estadística oficial no desglosa cuántos españoles de origen se pierden cada trimestre, pero el saldo vegetativo se intuye en los foros. Un cálculo que circula en el debate estima que, si se descuenta a los nacidos fuera, el crecimiento real de la población autóctona es prácticamente nulo o negativo. La cifra de 2.094 nuevos residentes nacidos en España frente a 133.092 nacidos en el extranjero es el dato que más se repite para sostener esa tesis.
La proyección que se maneja en esos mismos círculos apunta a que a mitad de siglo los nacimientos de hijos de extranjeros o nacionalizados superarán a los de españoles de origen. No es una predicción oficial, es un escenario que se construye con la tendencia actual. Y sobre ese escenario se monta la discusión política: si regular la inmigración es extrema derecha o es simple gestión de flujos.
El choque de marcos: sustitución, reemplazo o simple relevo
En el fondo del asunto late una pelea por el lenguaje. Una parte del análisis insiste en que lo que ocurre es una sustitución demográfica: la población original se reduce y es reemplazada por otra de origen distinto. Otra parte rechaza esa etiqueta por considerarla alarmista y prefiere hablar de relevo o de simple movimiento migratorio. La discrepancia no se resuelve con datos porque los datos son los mismos para todos: 48,3 millones de habitantes, 135.186 más en un trimestre, 133.092 de ellos nacidos fuera.
El INE no entra en valoraciones. Publica cifras y fechas. La interpretación queda para quien las lee. Y ahí, cada cual arrima el ascua a su sardina.
Lo que no cuadra en el relato del crecimiento
El récord de población convive con una caída sostenida de la natalidad. Los nacimientos en España acumulan años de descenso y la tendencia no parece haber tocado suelo. Si la población total sube es porque entran más personas de las que salen y de las que nacen. La pregunta incómoda es cuánto de ese crecimiento es sostenible sin tensionar vivienda, servicios y mercado laboral.
Hay quien señala que muchos de los recién llegados trabajan en la economía sumergida y que su contribución fiscal neta es discutible. Otros responden que sin ellos no habría quien pagara las pensiones de una población cada vez más envejecida. El debate está abierto y no se cierra con un titular de récord.
El dato es tozudo: España nunca había tenido tantos habitantes. La letra pequeña es que los que nacieron aquí aportaron 2.094 de los 135.186 nuevos residentes del trimestre. Con esa proporción, la pregunta no es si hay invierno demográfico, sino quién está poniendo la calefacción.