Nolla pasa de crítico de Rubiales a acusado por una denuncia en X
El director de Mundo Deportivo, Santiago Nolla, firmó una pieza crítica con Luis Rubiales por el beso a Jenni Hermoso. Pocos días después quedó señalado en la misma red social por quien fuera su directora de estrategia. Una acusación de acoso sexual lo colocó en el centro del tribunal mediático que él mismo había calentado. Nolla lo niega todo y anuncia abogados. El caso sigue abierto.
Qué se le atribuye a Santiago Nolla
La denuncia la publicó Anna Solans en X. Según ese mensaje, Nolla la habría llevado a un hotel y le habría pedido que se desvistiera, ligando el sexo a «un mundo de posibilidades» profesionales. Le reprochaba, en resumen, haber abusado de su posición de autoridad y dar lecciones de moral después. La acusación, por su naturaleza, no ha sido validada por ningún tribunal.
La respuesta llegó el mismo día. El director de Mundo Deportivo calificó las afirmaciones de «rotunda y tajantemente falsas», aseguró haber puesto el asunto en manos de sus abogados y anunció «todas las acciones legales que sean necesarias». Algunos comentarios subrayan el paralelismo con la respuesta de Rubiales. Ahí empieza el retruécano.
El «yo sí te creo» aplicado al propio bando
Durante semanas la consigna fue nítida: a la víctima se la cree sin pedir pruebas, porque exigirlas revictimiza. Ese principio, convertido en bandera, ahora se vuelve contra uno de los suyos y aparece de golpe la presunción de inocencia. El episodio deja a la vista el problema de sostener dos varas de medir según quién acuse y a quién.
Hay quien lo resume con retintín: el aliado descubre que la regla que ayudó a imponer no distingue de bando. Quien pasó meses pidiendo credulidad automática reclama ahora un juicio justo. Y quien ayer exigía cabezas exige hoy garantías. El mecanismo no trae filtro de ideología: se activa igual contra el adversario declarado que contra el firmante más devoto.
2,5 millones de reproducciones frente a 150.000
Las cifras van en una sola dirección. El mensaje de la acusación acumula
2,5 millones de reproducciones y, según los comentarios del hilo, llegó a rozar los
3 millones. La réplica del periodista apenas sumaba
150.000 y subiendo. En términos de alcance, la condena social estaba dictada antes de cualquier comprobación.
La etiqueta que acompañó la denuncia es la misma que se usó contra Rubiales. El público ya había repartido los papeles.
Por qué la acusación apenas tiene eco en los medios
Salvo
Público, ningún otro medio de referencia ha recogido el asunto. No ha saltado a las tertulias ni a las columnas. Quienes observan el episodio sostienen que el silencio no es casual: toca a alguien del gremio, alineado hasta ayer con las posiciones dominantes, y nadie quiere abrir un melón que devuelva el foco al propio sector.
La pregunta que flota es cuánto tarda en romperse esa omertá. Si el caso crece, el sector tendrá que decidir si aplica el mismo escrutinio que reparte a diario.
El siguiente puede ser cualquiera
El episodio ha disparado una inquietud más amplia: la idea de que cualquier hombre está a un mensaje de la muerte civil. Basta una acusación sin pruebas, contada en un post, para que la reputación quede en el aire. Bajo esa lógica no importan el historial ni el contexto: importa solo quién denuncia.
Se argumenta que a quien se sitúa en contra del consenso dominante se le aplica un escrutinio del que resulta casi imposible salir limpio: una discusión antigua, una salida de tono, una suscripción. Cualquiera de esas cosas, sacada de contexto, basta. Y aparece el viejo temor a la denuncia instrumental, capaz de saldar una rencilla laboral o un ascenso frustrado con un mensaje en redes.
El caso de Santiago Nolla deja el mismo cabo suelto que el de Rubiales: qué ocurre cuando la máxima de creer a la víctima choca con el derecho a defenderse. No hay resolución, ni pruebas públicas, ni sentencia. Solo un director de periódico acusado sin verificar, una denuncia sin validar y una audiencia que ya había repartido los papeles antes de empezar. La cuenta sigue abierta y nadie sabe cómo cuadrarla.