Ratas drogadictas se comen los alijos que custodia la policía
Una plaga de roedores con adicción a los estupefacientes se está cebando con las pruebas almacenadas en dependencias policiales. El caso, destapado en Estados Unidos, ha provocado que los fiscales de un condado hayan enviado notificaciones a los abogados de cerca de
3.600 casos relacionados con drogas para avisarles del daño causado a la evidencia. Hasta el momento, solo una prueba en un caso abierto ha sido considerada dañada por los roedores, según los datos que manejan las autoridades. El presidente de un centro de ciencias forenses ha calificado a las ratas de «drogadictas» y ha advertido de lo complicado que será exterminarlas dado el volumen de evidencia almacenada.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en España, donde el episodio recuerda demasiado a un clásico: aquel alijo de
300 kilos de cocaína que se esfumó en la Comisaría de Sevilla y que, según un comentario del hilo, la policía atribuyó a los ratones. La excusa del perro que se come los deberes ha mutado en la del roedor que se mete la mercancía entre pecho y espalda. Y no es la única: en la Delegación Judicial de Pilar, en Neuquén, desapareció media tonelada de marihuana y, según un comentario, los ratones fueron imputados en el expediente.
El problema forense que amenaza miles de casos
El asunto no es una anécdota de laboratorio. Los fiscales del condado han enviado notificaciones a los letrados de cerca de 3.600 casos relacionados con estupefacientes para informarles del deterioro de las pruebas. La cifra es lo bastante abultada como para que la defensa de cualquier acusado por tráfico de drogas pueda agarrarse a ella. Si la evidencia se la ha comido un roedor, el caso se desmorona.
Peter Stout, presidente del Centro de Ciencias Forenses de Houston, ha calificado a las ratas como «drogadictas» y ha subrayado lo difícil que será exterminarlas dado el volumen de evidencia almacenada. «Este es un problema en todo el país: roedores, insectos, hongos, todos ellos adoran las drogas», ha señalado. La declaración tiene su miga: no habla de un incidente puntual, sino de un sistema de custodia de pruebas que se cae a pedazos por falta de medios o de previsión.
El dato que descoloca es que, pese al aviso masivo a los abogados, solo una prueba en un caso abierto ha sido considerada dañada por los roedores. Es decir, el pánico se ha extendido más rápido que la plaga. O los roedores tienen un apetito selectivo, o el aviso preventivo es una forma de cubrirse las espaldas ante lo que pueda venir.
De Sevilla a Neuquén: la excusa del roedor que se come la droga
El episodio estadounidense ha reactivado la memoria colectiva española. En la Comisaría de Sevilla desaparecieron
300 kilos de cocaína y, según un comentario del hilo, la explicación oficial apuntó a los ratones. Años después, el patrón se repite en Neuquén, donde faltan
540 kilos de marihuana del depósito de la Delegación Judicial de Pilar. Según un comentario, los ratones fueron imputados. La broma se escribe sola.
La coincidencia de excusas ha hecho saltar las alarmas entre quienes sospechan que el relato oficial es una cortina de humo. Hay quien sostiene que las ratas de cuatro patas son una tapadera perfecta para las ratas de dos patas y placa. Otros, más benévolos, admiten que los roedores pueden desarrollar adicciones, pero dudan de que se coman un alijo entero sin dejar rastro.
El argumento más repetido es el de la coartada infantil. «De los creadores de “el perro se comió mis deberes” llega…», resume el sentir general. La comparación no es gratuita: la excusa del roedor tiene la misma credibilidad que la del escolar que no trae la tarea. Y sin embargo, ahí está, en un informe forense.
¿Por qué las ratas no pueden comerse un alijo entero?
Porque la dosis letal existe también para los roedores. Un alijo de 180 toneladas no desaparece por ingestión: haría falta una plaga de proporciones bíblicas y un sistema digestivo a prueba de sobredosis. La lógica elemental dice que, si las ratas se comen la droga, aparecerían cadáveres de ratas por sobredosis. Nadie los ha encontrado.
El escepticismo no es conspiranoia, es aritmética. Los roedores pueden roer paquetes, contaminar pruebas y hasta ingerir pequeñas cantidades. Pero de ahí a que se esfume un alijo completo media un abismo. La pregunta que planea es incómoda: ¿dónde está el resto?
La respuesta oficial no ha llegado. El caso sigue abierto y las notificaciones a los abogados son, de momento, la única constancia de que algo se ha deteriorado en la cadena de custodia. Si la evidencia se la comió un roedor, el sistema tiene un problema. Si no, el problema es otro y es más grave.
El asunto deja un reguero de dudas que nadie ha despejado. Las ratas drogadictas existen, según los forenses. Lo que no está tan claro es que sean las únicas responsables de lo que desaparece en los almacenes de pruebas.