Euskadi: la vivienda nueva cae un 45% y las hipotecas, un 21,8%
¿Cuánto tiene que caer la venta de pisos para que eso se refleje en el precio? En Euskadi, la vivienda nueva se hundió un
45% en el segundo trimestre y las operaciones inscritas en los registros de la propiedad bajaron un
17,5%, con un ajuste de precios que aparece por primera vez en la estadística. La concesión de hipotecas cayó un
21,8% interanual en junio: 1.887 préstamos, 525 menos que el mismo mes del año anterior. Y todo esto con el
euríbor en el
4%. No es un enfriamiento de temporada; es un negocio al que se le han acabado los compradores con financiación.
¿Por qué los datos de ventas llegan tarde si el euríbor lleva meses alto?
Porque la estadística registral recoge escrituras cerradas meses antes, cuando el euríbor todavía no estaba donde está ahora. La lectura que más se repite es esa: los números publicados son el efecto retardado de decisiones de compra tomadas con tipos más bajos, así que lo peor del ajuste aún no ha llegado a los papeles. El matiz incómodo es que, respecto a mayo, las hipotecas firmadas en el País Vasco
subieron un 8,1%. Un rebote mensual en medio de un desplome anual no anuncia recuperación: confirma que estos datos se mueven a golpes.
¿Qué pasó en 2008 y por qué se usa como espejo?
La explicación que más circula no culpa a las hipotecas basura, sino a los tipos. Entre
2005 y 2008 el dinero se encareció hasta que muchos hipotecados dejaron de pagar sus cuotas y arrastraron consigo todo el montaje: promociones a medio construir, suelo financiado y bancos con préstamos que valían mucho menos de lo que habían prestado. Después, el relato del miedo terminó de enfriar cualquier compra. Eso sí, hay quien sostiene que 2009 y 2010 no fueron el suelo del mercado: los pisos seguían caros, aquello fue una trampa alcista, y quien acertó de verdad compró entre
2013 y 2015. La moraleja es incómoda: un desplome de operaciones no equivale a un desplome de precios.
¿Están bajando los precios o solo el número de operaciones?
Aquí las cuentas se separan de las sensaciones. Hay quien resume el desajuste así: un ajuste del
4% después de una subida del
70% no arregla gran cosa. En términos reales, descontando la inflación, hay quien calcula que la vivienda está un
50% por debajo de los máximos de 2008 en buena parte del país. Pero el mismo dinero vale menos: un piso de 200.000 euros de hace dos años, con una inflación acumulada del 15%, tendría que costar hoy 230.000 solo para estar igual. Por eso el propietario no baja y el comprador espera. Entre medias, hay quien pone el ejemplo de Belgrado, donde con salarios de 500 euros al mes se piden 5.000 euros por metro cuadrado en las zonas nuevas. Y en Gerona hay quien firma a 450.000, 470.000 y hasta 730.000 euros si el piso no está inflado.
El stock que no se vende y la obra nueva donde sí hay demanda
La cifra que se repite como un mantra —millones de pisos vacíos— esconde un problema de ubicación más que de cantidad. Los municipios con más vivienda vacía de España son:
- Madrid: 97.178
- Barcelona: 75.476
- Valencia: 36.454
- Las Palmas de Gran Canaria: 25.016
- Sevilla: 24.695
- Málaga: 16.638
- Zaragoza: 15.638
- Palma: 9.346
Vivienda vacía no significa vivienda en venta: puede tener otro destino, estar en manos de un familiar o aguardar tiempos mejores. Lo que sí se ve es obra nueva donde hay tirón:
263 promociones en Madrid capital y más de 600 en su provincia. La oferta escasea en unas zonas y sobra en otras, y ese desajuste hace más por sostener los precios que cualquier teoría sobre el stock acumulado.
¿Quién sostiene el tinglado: fondos, promotoras o bancos?
Hay tres versiones y ninguna cuadra con las otras. Una dice que los fondos con liquidez sobrante compran barrios enteros y no necesitan vender, así que el precio no cede; la contraria sostiene que esos fondos llevan más de un año perdiendo dinero y desinvirtiendo, y cita el caso de
Blackstone, con dos inmobiliarias sin presentar sus cuentas en España y cuatro en pérdidas. Un participante describe el mecanismo clásico de la promoción: sociedades sin patrimonio propio, clientes que adelantan dinero y constructoras que no responden cuando la obra se queda a medias. Y encima, sostiene esa misma versión, los bancos apenas prestan o lo hacen con condiciones muy duras, con normativas que encarecen cada promoción y materiales y mano de obra disparados. En la crisis anterior, según ese relato, no se rescató a los promotores: quebraron. A los bancos, sí.
Con la vivienda nueva cayendo a plomo, las hipotecas en mínimos y el precio sin moverse, al mercado le falta una sola cosa para equilibrarse: que alguien ponga el primer precio de verdad. Llevamos meses esperando a ver quién se atreve. Y quien se atreva, ya lo verán, lo contará como una oportunidad.