Indiferencia ante la amnistía: los agravios que España ya toleró
El acuerdo entre PSOE y Junts para investir a Pedro Sánchez, con la
amnistía a los implicados en el procés como moneda de cambio, ha llevado a manifestarse ante las sedes socialistas. Y, aun así, hay una corriente de análisis que recibe el escándalo con un bostezo. No es indolencia: es memoria.
La tesis que circula es incómoda. El asombro de
2023 no se sostiene si uno repasa la lista de decisiones que el país ha digerido sin apenas ruido desde los años 80. La pregunta no es por qué indignarse, sino por qué ahora y no antes.
Felonía tras felonía, la amnistía sería una pieza más.
La LIVG: la ley que entró sin apenas ruido
La Ley Integral contra la Violencia de Género se aprobó en
2004 y sus sucesivas ampliaciones pasaron sin movilizaciones. Para buena parte de la crítica, introdujo un tratamiento legal diferenciado según el sexo del agresor —estándares probatorios distintos y penas que en ciertos supuestos llegan a los
15 años de cárcel—, y no hubo protestas entonces.
El punto más afilado es institucional. Hubo quien sostuvo que el Tribunal Supremo veía la LIVG como contraria a la Constitución y fue el Tribunal Constitucional quien la avaló. Silencio absoluto. Y el silencio, se argumenta, también es una forma de consentimiento.
El confinamiento de 2020 y la resistencia que no existió
Cuando se decretaron los estados de alarma, la respuesta social fue el aplauso desde el balcón, no la protesta. Las dudas sobre su encaje constitucional llegaron tarde y ya desactivadas.
La comparación se lanza sin rodeos: si se toleró —y en parte se celebró— el encierro domiciliario de
2020, no se entiende el estallido por el pacto con el independentismo. La intensidad de la reacción no depende del tamaño del agravio, sino de la capacidad de arrastre que tenga.
Afganistán: 200.000 muertos y ninguna bandera en la calle
La invasión de Afganistán dejó en torno a
doscientos mil muertos, según las cifras que se manejan. Los talibanes se ofrecieron a colaborar en la entrega de Bin Laden; la operación siguió igual. No hubo manifestaciones de masas contra aquello.
El razonamiento cierra el círculo: si un Estado mata a extranjeros por nada y para nada, tampoco debería sorprender que después atropelle los derechos de los suyos.
El CGPJ que critica la amnistía y calló con la LIVG
El Consejo General del Poder Judicial expresó su rechazo al pacto. Pero, según esta lectura, no movió un dedo cuando la LIVG entró en escena. De ahí la pregunta que incomoda: qué autoridad tiene para objetar ahora.
A esto se suma el reproche al Partido Popular. Convoca a la calle pero, según esta corriente, no activa palancas que tiene a mano, como la prisión permanente revisable para delitos de terrorismo. Mucho balcón y pocas reformas pesadas. El reproche viene de lejos: ya en los años 90 se animaba a manifestarse contra el terrorismo sin tocar el Código Penal.
De adalid anticorrupción a firmante de la amnistía
El giro que más se subraya es el de Podemos. En
2014 se presentó como adalid anticorrupción, con códigos éticos exhibidos como medalla. En 2023 firma la amnistía a los implicados en el procés. El contraste, para esta corriente, resume cómo se diluyen los principios cuando hay algo que repartir en el tablero.
Gobernar con quien marca las condiciones
El nuevo equilibrio de poder deja una escena incómoda: el Gobierno necesita los votos del independentismo y quien los tiene marca el precio. La amnistía es la factura. Para esta corriente, el espectáculo no es el pacto en sí, sino ver a quienes prometieron no pagarlo tragando con cada exigencia.
¿Es democrática la amnistía?
En aritmética parlamentaria, sale adelante: la mayoría de la Cámara la respalda. Ese es el punto que se usa para desmontar la bandera de
defender la democracia con la que se convocan las concentraciones.
La contrarréplica es más fina. El parlamento no traduciría una mayoría social, sino una suma de aparatos de partido. Votar no equivale a refrendar, y una mayoría pactada entre cúpulas no es lo mismo que una mayoría de ciudadanos. Ahí se atasca el argumento y cada bando se queda con la mitad que le conviene.
Las banderas europeas en una protesta contra el pacto
Un detalle irrita especialmente a esta corriente: manifestarse contra el acuerdo portando enseñas de la Unión Europea. Se protesta contra unos con los símbolos de quienes han bendecido sin aspavientos todo lo anterior.
Y aquí se para la cuenta. Si el país ya toleró la LIVG, el encierro, la aventura afgana y el pasaporte covid, la amnistía es un eslabón más de una cadena larga. La protesta llegó, sí, pero tarde y sin saber del todo qué se pide. Nadie ha cerrado el balance de por qué 2023 sí y 2004 no.