El bulo de los milicianos que entran por Canarias
Hay una teoría que circula por los mentideros digitales y que estos días ha vuelto a coger fuerza: que los miles de migrantes que llegan a las costas españolas no son trabajadores desesperados, sino células dormidas entrenadas militarmente y listas para activarse. La tesis, que se apoya en una supuesta presencia de combatientes subsaharianos en Gaza, sostiene que los mismos que crearon la «psicosis» del covid, de Ucrania y del clima han activado ahora una cuarta fase: la invasión silenciosa de Europa. No hay una sola prueba que respalde esa cadena de causalidades. Pero el relato funciona porque conecta con un malestar real: la sensación de que nadie controla quién entra y quién sale.
Qué dice exactamente la tesis del complot
El planteamiento, tal como se ha difundido, parte de una observación aparentemente inocente: ¿por qué llegan tantos varones jóvenes del África occidental, «bien alimentados y atléticos», y no familias enteras? La respuesta que se ofrece no es económica, sino militar. Se argumenta que esos hombres no son migrantes, sino militares entrenados y pagados por una élite globalista que persigue desestabilizar Occidente. La supuesta prueba sería su presencia en los vídeos de la incursión de Hamás del 7 de octubre de 2023, donde aparecerían combatientes negros que no serían árabes.
El salto lógico es notable. De una imagen difusa en un vídeo de guerra se deduce una red internacional de células durmientes repartidas por España, a la espera de una orden. Y de ahí, al pronóstico de un atentado inminente en Sevilla «al estilo del 11M», ejecutado por activistas que serían a la vez vascos y subsaharianos. La cadena no tiene eslabones verificables, pero tiene una virtud narrativa: explica el caos con un culpable único.
La respuesta del propio hilo: los judíos etíopes
La primera refutación llegó rápido y desde dentro. Si de buscar combatientes subsaharianos se trata, el ejemplo más documentado no está en las filas de Hamás, sino en las del ejército israelí: los judíos etíopes que sirven en las Fuerzas de Defensa de Israel y que, según se señala, suelen ser destinados a primera línea. La paradoja es incómoda para la tesis: el grupo al que se atribuye la infiltración masiva resulta que también combate en el bando que la teoría considera víctima de la conspiración.
A esto se añade un dato que desmonta la premisa de partida: no hay constancia de unidades subsaharianas integradas en Hamás. La organización palestina es, en lo esencial, un movimiento árabe-palestino. La idea de una legión africana a su servicio pertenece más al terreno de la ficción que al de la inteligencia militar.
El negocio de las pensiones y el discurso del reemplazo
En el trasfondo del debate asoma el argumento económico que lleva años circulando: que los migrantes vienen a pagar las pensiones de una población envejecida. Es la versión amable del mismo fenómeno. La versión dura sostiene que el sistema se ha convertido en una máquina de sustitución demográfica, y que quienes la defienden —«mujeres y viejos», según una de las intervenciones— son precisamente los más vulnerables a sus consecuencias.
El dato que se esgrime con más frecuencia es el de Canarias. La ruta atlántica habría batido récords en septiembre y se preparaba para batirlos de nuevo en octubre, con llegadas superiores a cualquier registro anterior. La cifra concreta no se detalla, pero el patrón se repite: cada mes que pasa, más embarcaciones, más personas, menos control. Y sobre ese vacío de gestión se construye la sospecha.
El votante como culpable: el argumento que cierra el círculo
Una parte del análisis desplaza la responsabilidad de las élites al electorado. Tras las elecciones generales, la mayoría de los españoles habría dejado claro, con su voto o con su abstención, que la inmigración no le parece un problema prioritario. Más aún: los sondeos que se citan indican que quienes más pateras y refugiados piden son las mujeres, las personas sin estudios y las de renta más baja. El corolario es amargo: no hay conspiración que valga si la sociedad no la consiente.
La contraargumentación también está sobre la mesa. Se sostiene que ningún partido que prometa mano dura obtiene votos suficientes para gobernar en solitario, y que el sistema electoral y los pactos postelectorales diluyen cualquier mandato de control migratorio. La democracia, en esta lectura, no es la solución, sino el problema.
De la sospecha al pronóstico: qué se espera y qué no
El hilo no se cierra con una conclusión, sino con una advertencia. Se augura que, más pronto que tarde, Europa y España despertarán con ataques coordinados de células terroristas. No habrá pianos, pero sí víctimas. La predicción no va acompañada de nombres, fechas ni objetivos concretos. Es un presentimiento, no un informe.
La pregunta que queda flotando es la de siempre: ¿cuánto de este relato responde a una amenaza real y cuánto a la necesidad de encontrar un enemigo que explique la pérdida de control? Las llegadas irregulares a Canarias son un hecho. La existencia de una red de milicianos subsaharianos infiltrados, hasta la fecha, no.