Los hogares sacan 5.502 millones de depósitos en julio
Las familias españolas vaciaron las cuentas el pasado julio. La cifra neta que salió de depósitos y cuentas corrientes fue de
5.502 millones de euros, más de la mitad de lo que había entrado en junio, y la evolución conjunta de los dos meses de verano es la más débil desde 2015. El dato lo publicaba El Confidencial el 29 de agosto de 2023, y venía con el diagnóstico de siempre: los hogares rehúyen dejar el dinero parado porque las entidades
no remuneran el pasivo. El ahorro neto de los dos primeros meses del verano no era tan bajo en ocho años. Hasta ahí, el relato oficial. A partir de ahí, el desacuerdo.
Qué dicen exactamente los datos de junio y julio
El ahorro en depósitos y cuentas corrientes lleva todo el año en descenso. Junio suele traer un repunte del volumen —es el mes de las pagas extra—, pero la recogida de julio se comió más de la mitad de lo acumulado.
5.502 millones netos fuera del sistema, algo que no había ocurrido con esa intensidad en los tres veranos anteriores. La comparación de junio y julio con los mismos meses de ejercicios previos arroja el peor resultado desde 2015. La explicación más repetida: quien tiene el dinero en una cuenta a la vista lo ve menguar sin que nadie le pague por tenerlo ahí.
¿Por qué la falta de rentabilidad no explica toda la retirada?
Porque, según sostiene un forero, los depósitos, aun mal, pagan más que hace un año. Ese es el primer punto que se discute. La rentabilidad del pasivo ha mejorado respecto a ejercicios anteriores y sigue siendo, en la mayoría de los casos, una
miseria. Si la única causa de la fuga fuera el tipo de interés, el dinero debería aparecer en fondos, letras o bonos. Y por lo que se ve, no aparece con esa intensidad. La bolsa estaría captando parte del movimiento —hay quien habla abiertamente de un
FOMO inversor—, y la amortización anticipada de hipotecas se lleva otro pellizco. Ninguno de los dos explica por sí solo los 5.500 millones.
La hipótesis que gana peso: la nómina no llega
Gastos no ordinarios. Vacaciones, vuelta al cole, el dentista, el taller del coche. Todo lo que no entra en el presupuesto mensual y que antes se cubría con el colchón. Con la cesta de la compra disparada y las hipotecas variables revisadas al alza, tirar de ahorro deja de ser una decisión y pasa a ser una necesidad. Ahí asoma el dato incómodo: los
impagos en tarjetas de crédito de los bancos pequeños alcanzan máximos desde 1991, según una serie difundida en un tuit citado en el hilo. Quien no tiene colchón tira de plástico, y el plástico se paga caro.
El ahorro que se evapora y la cuenta que nadie quiere hacer
Un ejemplo que cuenta un forero, aunque reconoce no recordarlo con exactitud: un cliente con 100.000 euros parados en el banco calcula que ha perdido 10.000 euros en el año por no gastarlos, porque ni la entidad le paga nada ni encuentra una inversión segura que compense la inflación. La conclusión que saca es irónica:
a Bali este año y a invertir en bolsa. Mientras, un forero apunta que la remuneración ronda el 0,6% y lo compara automáticamente con la de Francia. Y no solo sube el nivel de precios: según apunta otro participante, el papel higiénico viene con un centímetro menos de ancho por el mismo dinero. La reduflación también es ahorro que desaparece.
¿Se puede hablar de estanflación en España?
La definición clásica exige inflación elevada y paro elevado a la vez, y ahí empieza el problema: los datos de desempleo se consideran poco fiables por una parte del análisis. La definición alternativa que se maneja es más doméstica: hay estanflación cuando los precios suben y los salarios no se actualizan al mismo ritmo. Con esa vara, según ese análisis, la mayoría de la población estaría dentro, salvo sectores muy concretos. Un forero añade un contraste europeo: en Francia se jubilan a los 62 y aquí a los 67 y subiendo.
El contexto que se cuela en cualquier conversación sobre ahorro
Hay una corriente que sostiene que el problema no es dónde meter el dinero, sino que no hay dinero que meter. Su lista de cargos es larga: subida del IRPF y de las cotizaciones sociales, alimentos un 20% o más caros, decenas de impuestos y tasas verdes nuevas, cierre de empresas, autónomos que bajan la persiana, millones de fijos discontinuos, salarios congelados y alquileres e hipotecas por las nubes. Si esa fotografía es cierta, la pregunta deja de ser financiera y pasa a ser de supervivencia. Y encaja con el otro aviso que sobrevuela el asunto: el dinero que sale del banco no se está colocando en productos que rindan, se está gastando.
El dato de julio está claro. Lo que no está claro es cuánto de esos 5.502 millones es consumo, cuánto es deuda que se aplaza y cuánto es simple agotamiento de quien ya no tiene de dónde tirar. La estadística mide la salida. No mide el motivo.