El Guadalquivir se apaga: el riego se cierra y Málaga mira al grifo
Mientras la cuenca del Guadalquivir entra en el otoño con los embalses en mínimos, una empresa malagueña de aguacates manda el mensaje contrario: la nueva cosecha ya está recogida y lista para enviar. También vende mangos. El detalle, que parece una anécdota, describe el problema mejor que cualquier informe: el cultivo que más agua necesita sigue saliendo de la provincia que antes se quedaría sin agua potable. El diagnóstico que abre la alerta es más severo. Con los embalses por debajo del
15%, se dan por terminados los cultivos de regadío en Andalucía, se habla de un fin casi total de la producción agrícola y de una
cascada de efectos inflacionarios detrás.
¿Cuánta agua queda en la cuenca del Guadalquivir?
La cifra exacta está en disputa y ahí arranca el primer forcejeo. La voz que lanza la alerta sostiene que la cuenca está por debajo del 15% y que en la práctica eso equivale a cerrar el grifo a todos los sectores, no a repartir racionamientos por turnos. Quien consulta los datos públicos de embalses responde con otro número: cerca del
20%. El año anterior, por estas fechas, estaba en el 22%. Ninguna de las tres cifras es cómoda. Sobre la discrepancia hay un contexto que nadie discute:
cinco años de sequía hidrológica y una década de precipitaciones por debajo de las medias. Encima, un verano con decenas de días por encima de los 40 grados.
El norte se ahoga mientras el sur cuenta los días
Las lluvias no han repartido. En Cantabria, los últimos 30 días han dejado un
95% más de precipitación que la media de los últimos 30 años: 215 litros por metro cuadrado donde lo habitual es rozar los 120 o 115. En Galicia, la media del mismo periodo se va a 600. La curiosidad doméstica la pone quien tiene que fregar la rampa del garaje con garrafas de lejía por el verdín acumulado: hay sombras que no se han secado en meses. La DANA de septiembre puso en aviso amarillo o naranja a todas las comunidades menos Canarias, según los avisos meteorológicos que se citan. En Andalucía pasó de largo. Y llegó octubre con 38 grados.
Comeréis espárragos, pero sin aceite, resume con retranca uno de los mensajes que circulan.
¿Por qué se culpa al Plan Hidrológico?
Porque la infraestructura que debía amortiguar estos años no está. Una de las líneas más repetidas señala la derogación del Plan Hidrológico por el Gobierno de Zapatero y el hecho de que el Ejecutivo de Rajoy no lo recuperara pese a gobernar con mayoría absoluta. Se añade que el actual liderazgo del PP no contempla un plan hidrológico de alcance nacional. De ahí al reproche sobre presas sin construir y agua volcada al mar hay un paso que se da sin pudor. La discusión de fondo es otra: si el agua se gestiona como recurso estratégico o como competencia territorial.
Pozos, aguacates y tierras de secano
El mapa real del consumo no está en los pantanos. Está bajo tierra. Una de las acusaciones más repetidas apunta a la cantidad de pozos abiertos para sostener regadíos que no deberían existir: aguacates, almendros, pistachos y nogales plantados en tierras de secano. El reproche tiene destinatario doble. Por un lado, los cultivos de alto consumo hídrico en provincias con estrés estructural. Por otro, la jerarquía de prioridades cuando llegan los recortes: piscinas, campos de golf y turismo quedan fuera del foco, mientras se cierran duchas de playa para el resto. La misma lógica aparece en el litoral malagueño, donde el agua potable y el aguacate compiten por el mismo acuífero.
El rastro de las ayudas y la venta de tierras
La sequía también se lee como operación financiera. Según una de las investigaciones que se citan, un macrogrupo agrícola con presencia en Murcia y Andalucía se constituyó en
diciembre de 2022 al calor de ayudas públicas ligadas a la falta de agua; cinco meses después, el paquete se vendía a una firma estadounidense dedicada a la inversión en agricultura. La secuencia —subvención, venta, sequía— es la que más incomoda. La tesis que se repite sostiene que cuanto más dura la escasez, más agricultores abandonan y más barato compran las tierras los fondos extranjeros. No hay cifra pública que confirme el total de esas operaciones.
Queda el dato que ordena todo lo demás. El litoral de Málaga agotaría en
marzo toda su agua potable si no lloviese más, y el verano siguiente dependería de lo que caiga antes. Nadie sabe cuánto va a llover. El norte lleva un otoño pasado por agua y en el sur se sigue mirando al cielo.