El ataque de Hamás a Israel: 22 puntos de entrada y ni una alarma
¿Cómo se atraviesa la frontera más vigilada del planeta por 22 puntos distintos —tierra, mar y aire— sin que salte una sola alarma? El ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre, en pleno Shabat, dejó esa pregunta sin respuesta.
Gaza, un territorio de unos 365 kilómetros cuadrados, se daba por intervenida
a lo largo y ancho por el ejército y los servicios de inteligencia. Esa vigilancia se había pagado a precio de miles de millones de dólares. Falló entera.
No es una teoría. Es la lista de agujeros que el relato oficial no termina de tapar.
Hamás aseguró que preparó el asalto durante más de un año y que movilizó a 2.000 personas. Que una operación de ese tamaño se organice sin una sola filtración, en un terreno supuestamente pinchado hasta el último teléfono, es la primera cosa que no cuadra.
¿Por qué no funcionó el sistema de alarma en la frontera de Gaza?
De poco sirvió la ingeniería. Los sistemas electrónicos de la valla, en cuya construcción y equipamiento Israel había invertido
miles de millones de dólares, quedaron inútiles. Ni las cámaras, ni los sensores, ni las torres de vigilancia detectaron el despliegue. Las patrullas de combate, por alguna razón, no estaban cerca.
Los drones de Hamás alcanzaron con facilidad las ametralladoras automáticas y las torres de sensores; los equipos de asalto volaron la valla y cruzaron. Nadie los frenó.
El resultado fue una escena difícil de digerir: cientos de soldados israelíes murieron en los cuarteles, en el campo y mientras dormían. Y todo eso ocurrió un sábado por la mañana, con la frontera en calma aparente.
El aviso de Egipto diez días antes y el tanque sin preparar
Una de las piezas más incómodas la puso sobre la mesa el propio vecino.
Abbas Kamel, jefe de la inteligencia egipcia, advirtió a Netanyahu diez días antes de que «algo inusual, una operación terrible» se estaba cociendo alrededor de Gaza, según recogió el medio israelí Ynet. Al escuchar el informe, Kamel se habría quedado horrorizado por la pasividad del primer ministro.
En el terreno, los detalles tampoco ayudan. Un
tanque Merkava Mk.4 fue destruido por un impacto lanzado desde el aire, en una de las zonas más desprotegidas: la parte superior. El complejo de protección activa Trophy, al parecer, estaba desconectado. Las imágenes mostraban el cañón cubierto, señal de que la tripulación no había preparado el vehículo para el combate. Contaban con la intimidación, no con la guerra.
¿A quién le viene bien una guerra total?
Aquí el análisis se vuelve político y resbaladizo.
Netanyahu calificó el ataque como su propio «11S», y la comparación tiene consecuencias: si es un 11S, hay carta blanca para lo que venga después. Una corriente de análisis sostiene que el primer ministro es el primer beneficiado por la matanza —se agarra al cargo y concentra poderes—; en contra pesa el hecho de que ninguna autoridad israelí ha reconocido haber dejado actuar a Hamás.
Sobre las comunidades de la frontera, el material es duro:
no hubo advertencia ni evacuación organizada, y las fuerzas de seguridad locales eran tan escasas y tan mal armadas que fueron barridas en poco tiempo. La comparación con la Alemania de los años treinta, por la retórica interna, aparece en más de un análisis.
¿Colaboración interna o simple negligencia? Qué se sabe y qué no
Es el corazón del asunto y conviene separar. No hay ninguna prueba de que Israel permitiera el ataque deliberadamente.
Falsa bandera es la hipótesis más repetida… y la menos demostrada. Lo que sí documentan los analistas es que el colapso de la inteligencia es de tal magnitud que cuesta creerlo.
Un exfuncionario de inteligencia israelí lo resumió así: «Es imposible que el Mossad no supiera nada». El peso del argumento no es menor. Para una operación de miles de efectivos, tractores incluidos, alguien tenía que haber visto algo. Los testigos lo comparan con la ofensiva del Tet: sorpresa táctica lograda frente a un ejército que se creía superior.
Qué puede pasar ahora
Las piezas siguen sobre la mesa. Hamás dejó de usar tanques durante el asalto y los centinelas brillan por su ausencia en todas las versiones. Las fuerzas israelíes tardaron hasta las 14:00 o 15:00 horas en empezar a movilizar reservistas. Y en paralelo, Hamás publicó vídeos de entrenamiento —sin nada especialmente espectacular— para asaltar las fortificaciones fronterizas. El resto es una pregunta abierta: la entrada terrestre en los barrios de Gaza se anuncia cruenta, y la cifra de bajas se presume alta en los dos bandos. Casi en paralelo, las autoridades israelíes pidieron asistencia militar urgente a Estados Unidos, algo que no sucedía desde hacía medio siglo.
Queda la explicación más sencilla, la que no exige ninguna conjura: que el mejor servicio de inteligencia del mundo no vio a 2.000 personas organizándose durante más de un año.
Sí, hombre.