Shoigu reaparece y Lviv arde con misiles a 70 km de Polonia
Shoigu vuelve a la escena. El ministro de Defensa ruso preside este sábado una reunión del Ejército en un vídeo de su Ministerio: era su primera aparición desde el 11 de marzo. Horas después caen misiles Kalibr lanzados desde Sebastopol sobre un depósito de combustible en Lviv, a 70 kilómetros de Polonia. Tres ataques en el mismo día sobre la ciudad. Cinco heridos en uno de ellos.
Qué se ha sabido
Lo de Shoigu lo trae
ProfeInsti. Primera vez que se le ve hablando en público en más de dos semanas; el jueves había asomado unos segundos en una videoconferencia. Pero más de uno mira el vídeo de reojo:
según paconan, un asesor del Ministerio del Interior ucraniano sostiene que el ministro sufrió un infarto y no se ha dejado ver. Otros dudan incluso de las imágenes.
Lviv. La ciudad estaba a un paso de la frontera polaca y hasta ahora se había librado. Lo cuenta el hilo al detalle: al menos tres explosiones, una hora en los refugios, un depósito de petróleo en llamas. El alcalde, Andriy Sadovyi, dice que los proyectiles salieron de Sebastopol. Rusia publica el vídeo de la salva: cuatro Kalibr desde un buque de la Flota del Mar Negro.
Slavutych. El ejército ruso entra en la ciudad-dormitorio de los empleados de Chernóbil y retiene temporalmente al alcalde, Yuri Fomichev, que después explica que le dejan conservar su autoridad si no hay fuerzas ucranianas dentro. El OIEA avisa de que no hay rotación de personal técnico en la central desde el 21 de marzo.
Izyum.
Harman pasa el parte: primer convoy humanitario ruso, cinco camiones del Ministerio de Emergencias. La ciudad aún no está limpia y las fuerzas ucranianas siguen bombardeando, pero la ayuda se reparte.
Fuera del frente cae un reguero: Turquía cierra momentáneamente el Bósforo por una mina flotante, y después confirma que lo era. Azerbaiyán entra en la zona de responsabilidad del contingente ruso en Nagorno-Karabaj y lanza cuatro ataques con drones Bayraktar. Putin firma la ley de veteranos de combate. Medvédev avisa de que la amenaza nuclear «siempre existe». Anonymous publica 28 gigabytes del Banco Central ruso. Baviera tipifica como delito mostrar la «Z». En España el maíz sube un 40% y el trigo un 35%. EEUU y la UE pactan 50 bcm anuales de gas licuado hasta 2030. La ONU cierra el recuento del día 25 en 1.104 civiles muertos.
En Varsovia, Biden llama a Putin
carnicero y dice que «no puede permanecer en el poder». La Casa Blanca matiza luego que no estaba pidiendo un cambio de régimen.
Impresionante lo resume: «y nuevamente el personal de la Casa Blanca tuvo que intervenir para aclarar las tonterías que balbuceó».
Dónde está la bronca
Primera pelea, la vuelta de Shoigu. vladimirovich se pregunta si le sacan veinte minutos «de la Lubianka» y ya está calculando comisiones. paconan insiste en que el vídeo nuevo coincide con el del 11 de marzo. Nadie cierra el asunto.
Segunda, los prisioneros. Salen vídeos de rendiciones: 61 militares ucranianos en un puesto de mando cerca de Kiev, un teniente coronel del centro de comunicaciones, el subcomandante del 503 batallón intentando salir de Mariupol disfrazado. Un bloque celebra. A otro le revuelven las imágenes. Hércules Poirot lo deja caer: «un poco gore los vídeos... creo que no hacía falta esa propaganda».
Tercera, la de toda la guerra: ¿fracaso o plan B? Zappa pone el cálculo encima de la mesa: esto tenía que haber sido una operación corta y va camino de carnicería. kelden responde que el ejército ruso no está ni derrotado ni castigado. delhierro da la puntilla al plan ruso: «no hay un plan claro de después, y eso es darle mucha ventaja al enemigo». MiguelLacano mueve el combate al rublo:
la batalla decisiva se llama rublo.
Y de fondo, el hilo paralelo que se enciende cada dos páginas: la guerra como coartada del desorden económico. John Nash avisa de que el precio de los carburantes ni entra en la cesta de la compra. Pollepolle lo lleva al lado de acá.
Qué cambia respecto a antes
Aparece un frente nuevo, y no está en Ucrania: Azerbaiyán mueve en Nagorno-Karabaj mientras Moscú mira al Donbás. El Bósforo, que ya se había colado en el hilo como cuello de botella del gas, suma ahora una mina a la deriva. Y la Lviv que ayer era cuartel general trasero ya es objetivo abierto.
El reparto ruso al Donbás se queda a medias: el Estado Mayor ucraniano dice que las tropas rusas «siguen reagrupándose para reanudar la ofensiva», y el ataque a Lviv se lee como prueba de que no hay repliegue total. La cifra de bajas sigue sin cuajar: pemebe la desmonta y delhierro recuerda que las 40.000 ya se daban en 2014.