El Liberal plantea si Israel usaría Cataluña contra Sánchez
Un titular que en cualquier otra legislatura habría sonado a ciencia ficción circula ya con naturalidad:
El Liberal plantea si
Israel puede utilizar Cataluña en respuesta a los ataques de Sánchez. La pieza que lo lanza es de
El Liberal y lo enmarca como una respuesta directa a los ataques del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La hipótesis no llega sola: aterriza en un contexto donde la política exterior española se ha convertido en moneda de cambio interno y donde cualquier gesto diplomático se lee como un movimiento en el tablero doméstico.
La reacción inmediata no discute la viabilidad jurídica. Discute el porqué. Buena parte del arranque del asunto coincide en una lectura: no es una cuestión de amistad ni de historia, es una cuestión de tocar los cojones. Si desde el Gobierno se agita la causa palestina, se agita la catalana. Y ahí entra el detalle que ha dado más munición al asunto: la bandera «desde el río hasta el mar» que enarbolan algunos socios parlamentarios del Ejecutivo.
Qué hay detrás del reconocimiento que se atribuye a Israel
El argumento que más se repite no es diplomático, es simétrico. El reconocimiento de Cataluña se plantea como espejo del reconocimiento de Palestina. Quien mueve ficha en Oriente Próximo recibe ficha movida en el Mediterráneo occidental. A Eretz Israel, sostiene esta lectura, Cataluña le importa más bien poco; lo que importa es el mensaje. Y el mensaje es que España no toca impunemente según qué piezas.
En paralelo aparece la letra pequeña histórica. El lema «desde el río hasta el mar» se atribuye al sionismo revisionista de Jabotinsky, a los grupos armados que operaron antes de la fundación del Estado y a la herencia política del Likud. Se recuerda que no es un eslogan improvisado, sino parte de un programa ideológico con décadas de recorrido. Ese detalle se usa para desmontar la idea de que el conflicto es solo humanitario.
Hay una tercera pata, menos comentada y más incómoda: la relación entre el independentismo catalán y determinados círculos religiosos y financieros internacionales. Se citan encuentros del expresidente catalán Carles Puigdemont con rabinos de la organización Chabad en Gerona, incluido el rabino jefe de Rusia, Berel Lazar, en enero de 2018. La conexión se presenta como prueba de que el independentismo no ha jugado solo en el tablero europeo.
El PSOE reconoció a Israel y ahora España mira a Palestina
Uno de los apuntes más certeros que recorre el asunto es histórico: España ha estado contra Israel casi desde siempre. No es un giro de la progresía reciente. Durante el franquismo no se reconoció al Estado hebreo, y hubo que esperar al Gobierno de Felipe González para hacerlo. Ese dato descoloca a quien cree que el alineamiento actual con Palestina es una novedad ideológica.
De ahí sale una conclusión incómoda para cierta derecha: si el reconocimiento de Israel vino de la mano del PSOE, la defensa entusiasta del Estado hebreo que hoy hace parte de la derecha no tiene tradición histórica. Es un alineamiento reciente, y algunos lo atribuyen a intereses de bloque más que a convicción.
El asunto se enreda cuando se mezcla con la política interna. La tesis de que el ruido internacional sirve para tapar escándalos domésticos aparece pronto y con nombres propios: el hermano del presidente, la Moncloa, Hacienda. No hay verificación de nada de eso en el material, pero la sospecha circula con soltura.
Cataluña como moneda de cambio en el tablero internacional
La parte económica del asunto se cuela por una puerta lateral: la hacienda propia catalana. Se sostiene que Cataluña ya funciona como un cuasi-Estado en materia fiscal, que solo cuenta para las estadísticas que convienen y que el resto le da igual. Y de ahí salta una pregunta incómoda: si hay un conflicto serio, ¿quién va a reclutar en Cataluña o en el País Vasco?
Ese giro convierte el reconocimiento en un problema de defensa, no de diplomacia. La hipótesis de que un territorio con hacienda propia y pulsión secesionista pueda ser reconocido por una potencia extranjera deja de ser una boutade y pasa a ser un escenario que alguien está dispuesto a contemplar.
La flotilla que partió hacia Gaza desde Barcelona se cita como prueba de que la relación ya existe en los dos sentidos. No es solo Israel el que podría mover ficha. También hay actores catalanes que llevan tiempo jugando fuera de las fronteras españolas.
El aviso al perro y la factura que alguien tendrá que pagar
La lectura más repetida es la del aviso. No toques más los cojones o te quitamos la muleta de los independentistas. Primer aviso. La frase resume el tono general: esto no va de derecho internacional, va de disuasión.
Frente a eso, la respuesta más dura no viene de la izquierda. Viene de quien sostiene que España no tiene ni idea de lo que es meterse con Israel y que esta vez no salva ni Europa ni Estados Unidos. El presidente del Gobierno habría condenado a todos, según esta versión. Es la corriente que ve en el reconocimiento de Cataluña una represalia real y no un farol.
En medio queda una pregunta que nadie cierra. Si el reconocimiento se produce, ¿qué gana Israel? ¿Y qué pierde España? Con estos mimbres, el asunto seguirá abierto hasta que alguien mueva ficha de verdad.